Veronese

Aquí llegó Balá

Con Carlitos Balá tal vez se da lo que el legendario Tato Bores le decía a Federico Manuel Peralta Ramos: “hay una generación de gente joven que no te conoce”. Y es lógico para un artista que cumplió maravillosos 95 años el 13 de agosto de 2020 y que, aunque activo como siempre, está por fuera de los nuevos medios. Aquí llegó Balá, en dos notas sucesivas, para que la avidez de los post Millennials les permita –si gustan– disfrutarlo.

Aquí llegó Balá: Gestito de idea.
Aquí llegó Balá: el “gestito de idea”, un clásico del artista que alegró la infancia de varias generaciones.

¿Qué gusto tiene la sal?

Aquí llegó Balá: Carlitos y la línea 39.
Décadas y décadas de producción humorística genial se apoyan en un tremendo y virtuoso uso de los recursos verbales populares por sobre cualquier truco hilarante.

Se cuenta que de chico Carlos Salim Balaá –tal su nombre verdadero– ya mostraba dotes para la actuación, pero era demasiado tímido y solía armar sus “funciones” sin otro público que la familia más cercana.

“Yo tengo alérgica a las balas: veo una bala y me sale amnesia.

Del personaje El Hombre de Buenos Aires.

Acaso por eso también lo intimidaba el escenario escolar y, a cambio, armaba muñecos con recortes de papel en su casa y montaba obras de títeres en las que se mantenía oculto entre tras el telón improvisado con mantas.

Eran épocas en las que el teatro y el cine –por entonces una novedad incipiente– eran casi lujos a los que un chico sencillo del barrio de la Chacarita en Buenos Aires no accedía con tanta facilidad.

La radio, por contraste, dominaba el share de los medios (que no eran tantos ni empleaban ese anglicismo) y sin dudas marcó al artista que Carlitos llevaba dentro y que, con trabajo, subió a un lugar insólito: los colectivos de la línea 39.

Balá se volvió conocido entre los pasajeros y los choferes por hacerle chistes a la gente que utilizaba la pequeña flota, inaugurada en 1932, cuyo recorrido se iniciaba en el barrio de Palermo y llegaba hasta la estación Constitución.

En complicidad con los conductores, y a veces sin su consentimiento, se hacía pasar por vendedor ambulante y subía para descerrajar “más rápido que un bombero” discursos desopilantes, para delicia del improvisado público.

De aquel tiempo distante rescatamos esta perla memorable recreada en 2014:

“Señores pasajeros:
La casa Pichitore-Williams me ha encomendado ofrecer este artículo que en otros supermercados, que no quiero decir la marca y tampoco viene al caso, están pagando ustedes precios irrisóricos. Aquí, y como propaganda de la casa Pichitore-Williams, no voy a vender, voy a regalar, eso sí, uno por persona y evitando las avalanchas. Señora, si tiene cambio, le voy a agradecer…”

Aquí llegó Balá a los medios

Aquí llegó Balá: en la tapa de Radiolandia.
Carlitos Balá fue en múltiples oportunidades la cara de la portada en la desaparecida revista Radiolandia, en este caso retratado por la legendaria fotógrafa Annemarie Heinrich.

Un día, a comienzos de la década de 1940, don Mustafá Balaá escuchaba la final de un concurso de cuentos humorísticos, habituales en la radio, cuando presentaron al humorista ganador, un tal Carlos Valdez.

El hombre ignoraba que el cómico en cuestión, debutante en las lides de la comedia radiofónica, era su tercer hijo varón, quien abrazaba de oficio una ocupación que lo conquistaría para siempre: Carlitos.

Pasó un largo tiempo hasta que don Mustafá conoció la verdad de boca de la tía Norma, que alentaba la vocación encubierta del sobrino adolescente.

Decidido a independizarse, Carlitos abandonó su puesto en la carnicería de la familia y saltó de trabajo en trabajo –fue repartidor de mercaderías, peón de imprenta, empleado administrativo– hasta que los amigos lo acercaron a la radio.

“La mayor virtud del comediante fue apropiarse de las herramientas del habla para jugar con sus formas, con el orden dominante del momento, en un lugar en el que la palabra oral era una suerte de sustancia sagrada.

Muy pronto, el apócrifo Carlos Valdez simplificó su auténtico apellido para volverse en adelante Carlos Balá.

Incursionó ante los micrófonos con un personaje de su invención, alborotado hasta lo exasperante, que provocaba la risa de tan frenético y crispado.

Nacía así la manera tan de Balá para dar a sus interpretaciones de seres comunes y corrientes un barniz de pretenciosa cultura que se desbarataba con el uso de un dialecto extravagante.

La mayor virtud del comediante fue apropiarse de las herramientas del habla para jugar con sus formas, con el orden dominante del momento, en un lugar en el que la palabra oral era una suerte de sustancia sagrada.

La Revista Dislocada

Aquí llegó Balá: La Revista Dislocada
El elenco completo de La Revista Dislocada durante un homenaje a Juan de Dios Filiberto (abajo, a la izquierda) junto a Aldo Cammarota, Nelly Beltrán y un juvenil Carlos Balá (resaltado en azul).

Délfor Amaranto Dicásolo, o simplemente Délfor, dibujante y guionista devenido en productor, creó “La revista dislocada”, un éxito primero radial y luego televisivo –hoy diríamos multimedia– que perduró más de 20 años hasta que el gobierno de la llamada Revolución Argentina la clausuró definitivamente en 1973.

“La revista…” arrancó en Radio Argentina y fue un verdadero semillero de comediantes (Nelly Beltrán, Juan Carlos Calabró, Calígula, Vicente La Russa, Alberto Locati, Jorge Marchesini, Jorge Porcel, Raúl Rossi, Mario Sánchez, Mario Sapag, Tristán) entre los que Carlitos ocupó un espacio preeminente.

Al cabo de una serie de diferencias con Délfor, Balá abandonó el programa en 1958, cuanto todavía salía sólo por Radio Splendid (hoy “AM 990”), para pasar a Radio El Mundo y formar un trío con Alberto Locati y Jorge Marchesini.

Y el verbo se hizo risa

Aquí llegó Balá: la escuela de la Radio.
La radio limitaba el espectro de los recursos humorísticos a aquello que podía ser percibido, comprendido, imaginado, de modo exclusivo a través de la audición.

A lo largo de una carrera humorística tan extensa como plena, Carlitos Balá acuñó un léxico propio singular y gracioso para cada uno de los innúmeros personajes de su autoría, marca registrada de un ingenio personal siempre divertido y entrañable.

Desde Don Generoso –el judío que pedía precios con la irónica pregunta “¿Cuánto doile?”– hasta Petronilo –el provinciano del campo que se jactaba de burlar a los porteños que intentaban embaucarlo al son de su “Argentina te queda chica: pedí dos números más”– el cómico estableció un inolvidable repertorio.

Si algo caracteriza a este hombre de flequillo inconfundible es el uso maravilloso de su facilidad para la subversión lingüística, apoyada en infinidad de recursos retóricos e invenciones ingeniosamente risueñas, neologismos, construcciones ricas y absurdas.

El paso a la televisión y la incorporación de la imagen visual en movimiento aumentarían todavía más el repertorio de efectos humorísticos que colmarían la diversión de los espectadores para cerrar el círculo ejemplar.

Siete décadas de vigencia

Aquí llegó Balá: el Chupetómetro.
El Chupetómetro de Carlitos Balá era el fantástico artefacto del show que incitaba a los chicos a depositar en él sus chupetes como muestra de que ya no eran más bebés: entre risas y lágrimas, miles de niños abandonaron en él su objeto de adicción.

Desde sus inquietos comienzos hasta bien entrado el siglo 21, Carlitos Balá ha sido sinónimo de humor para todo público por su labor como actor, animador, intérprete y emblema de lo que todos queremos para un ídolo.

Más de la mitad de esa larga carrera –toda la etapa que llega hasta nuestros días– fue dedicada por completo a los chicos y disfrutada por gente de todas las edades.

Las escenas, los personajes, el vocabulario, los diálogos, la frases, los chistes construidos por el cómico “infantil” son simples, comprensibles para cualquiera, aunque no por ello menos ricos y regocijantes.

Fabulósica radiofrecuéncica

Aquí llegó Balá: Carlitos en discos.
A lo largo de su extensa trayectoria artística, Carlitos Balá grabó más de 20 discos de larga duración con sus canciones para chicos y grandes nostálgicos.

Parece evidente que los comienzos tempranos en la radio, donde la única herramienta posible es la voz, tuvieron una influencia central en la apelación a los talentos verbales puros como los juegos de palabras, los retruécanos, los latiguillos, los vocablos inventados, las frases inverosímiles, pies para hacer estallar el chiste

Dominar tanto disparate y hacerlo popular requiere de una destreza particular en el manejo de las palabras, darles cadencia y ritmo, articularlas con histrionismo depurado: el hombre es un gran actor, un artista del lenguaje hablado y corporal, un creador nato.

Quizás la exacerbación máxima de su capacidad como comediante sea la composición del personaje El Hombre de Buenos Aires, un individuo que es muchos, anónimo e inconstante, un tipo de la calle que puede ser alternativamente portero, albañil, cocinero, vendedor ambulante, carpintero, “las 24 horas del día, sin contar los años bisiestos”.

La historia continúa

En el artículo que sigue, “Carlitos Balá para post Millennials”, recopilamos una serie picante de humoradas y golpes de efecto de este único e indiscutible maestro de la comedia con impronta argentina pura.

Aquí llegó Balá: Carlitos con Panam.
Carlitos Balá y Laura Franco “Panam” presentaron durante años su espectáculo para niños “Panam y Circo” en teatros, fiestas y ocasionalmente en TV, junto a un elenco de artistas, payasos, acróbatas y bailarines.

No te lo pierdas: está fantabulósico y no hay manera de evitar la tentación de reír hasta desternillarse.

Delante, detrás y al costado de la escena

Luego de participar en programas y presentaciones en distintos medios (El show de Antonio Prieto, El show de Andy Russell, La telekermese musical, ¡Qué plato!, Telecómicos, Sábados circulares de Pipo Mancera), inició estrellato individual con “Balamicina” a principios de la década de 1960.

El éxito fue seguido por “El flequillo de Balá”, “El clan de Balá”, “Balabasadas”, “El circus show de Carlitos Balá”, “El circo mágico de Carlitos Balá”, y “El show de Carlitos Balá” (ganador del Martín Fierro al Mejor Programa Infantil de 1987).

Contemporáneo de figuras enormes del entretenimiento para chicos como Alberto Olmedo y su “Capitán Piluso”, o José Marrone y su payaso “Pepitito”, Carlitos fue amigo de todos, cariñoso con los colegas, con los colaboradores, con el público infantil y adulto.

En el paso por la TV Balá contó con la asistencia de guionistas célebres: Aldo Cammarota, Roberto Fontanarrosa, Abel Santa Cruz, Gerardo Sofovich, o el trío Mesa-Basurto-Garaycochea, baluartes del humor de todos los tiempos, y fue dirigido por maestros como Enrique Acosta, Pedro Pablo Bilán, Mario Faig, Horacio Parisotto, Carmelo Santiago, Sandor, Manuel Vicente, Luis Weintraub, escribieron los libros de sus ciclos.

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