Veronese

Juanamanuela precursora

La escritora salteña Juana Manuela Gorriti Zuviría, pionera de las letras argentinas en manos femeninas, fue muchas cosas menos obediente y correcta. Juanamanuela precursora, heroína desconocida para el gran público actual, celebérrima en su tiempo por llevar una vida plena de aventuras y peripecias, es una clara exponente para nuestra categoría de Grandes Valores (in)formales.

Juana Manuela Gorriti para exquisitos: ama y esclava de su destino.
“Juanamanuela, mucha mujer”, novela de 1980 de Martha Mercader, retrata a la pionera de la literatura, el periodismo, el feminismo, el pensamiento político, que fuera peregrina constante y luchadora incansable en los años jóvenes del país y del subcontinente.

El principio desde después del fin

“Limítome a humildes relatos, sin pretender explicarme ni explicar las causas de los hechos que recuerdo.

Juana Manuela Gorriti

Las dos últimas décadas del siglo pasado cobijaron el florecimiento de la llamada Nueva Novela Histórica Latinoamericana, corriente revisionista que puso en relieve a las vidas y acciones de adalides y paladines de nuestras naciones, las más de las veces ignorados.

Unidas por ideas de libertad concurrentes, mujeres decimonónicas como la salteña Juana Manuela Gorriti, su hija Mercedes Belzu, las peruanas Mercedes Cabello y Carolina Freye, la uruguaya Lola Larrosa, las porteñas Eduarda Mansilla y Juana Manso, la peruana Clorinda Matto, la entrerriana Josefina Pelliza, las limeñas Rosa Mercedes Riglos y Manuela Villarán, coincidieron en una circunstancia en la que la literatura y el periodismo combativos se les hicieron carne y gestaron la controversia.

En 1980, la memorable Martha Mercader (1926~2010) publicó “Juanamanuela, mucha mujer”, una novela que recuperó para la memoria a la controvertida Juana Manuela Gorriti, basada en los textos autobiográficos de la protagonista tomados de “Lo íntimo”, escrito póstumo publicado en 1892.

Grabado de Juana Manuela Gorriti publicado en La Ondina.
Composición de un grabado de Juana Manuela Gorriti publicado en la edición del 14 de marzo de 1875 correspondiente al Nº 6 de “La Ondina del Plata”, junto con la firma de la escritora.

Pasaron 18 años hasta que el 28 de octubre de 1998 el Congreso de la Nación Argentina sancionó la escueta ley 25.047 –de sólo 3 artículos– que mandaba el “traslado de los restos de Juana Manuela Gorriti […] a la ciudad de Salta […] para ser depositados en el Panteón de las Glorias del Norte”.

Amada y relegada, triunfante y vencida, guerrera y trofeo, ama y esclava, la mujer omnipresente de sus relatosella misma– luchaba por el derecho de admisión a campos que le eran ajenos y vedados.

Protagonista de lidias y de crisis, exudaba voluntad de emancipación virtuosa, procuraba un territorio propio mientras marcaba un rumbo señero que no ha perdido vigencia y dejó su impronta atemporal.

Errante forzosa o voluntaria, peregrina por antonomasia, recorrió los confines de América mas nunca viajó a Europa, la Meca de su siglo, demasiado enredada con la sociedad y con la política, sensible a los pormenores de la vida, y así honró a su pluma con su conducta y tuvo en ella la inspiración para escribirla y describirla al amparo de la fantasía.

Contingencias terrenales

La autora del esqueleto de la ley había sido la colorida diputada Fanny Ceballos de Marín (la misma que 10 años después remitiría un proyecto de declaración para celebrar a la figura de Mickey Mouse por sus 80 años de vida) del Frente Renovador de Salta.

La norma fue promulgada por el presidente Carlos Saúl Menem el 25 de noviembre y publicada en el Boletín Oficial el 3 de diciembre de ese año; se proponía “rendir merecido homenaje a una de las mujeres más destacadas de nuestra literatura y de nuestra historia”.

Las firmas de Alberto R. Pierri (presidente de la Honorable Cámara de Diputados), Carlos F. Ruckauf (vicepresidente de la Nación, presidente de la Cámara de Senadores), Esther H. Pereyra Arandía de Pérez Pardo (Partido Justicialista, secretaria de la Cámara Baja) y Mario L. Pontaquarto (Unión Cívica Radical, secretario administrativo de la Cámara Alta) confieren un espacio singular para otras elucubraciones que escapan a esta nota.

Más allá de los retruécanos seculares, con más de un siglo de retraso, se hacía algo de justicia material en la cenizas de una mujer descollante, bravía, superlativa de la historia argentina y de nuestra cultura en sentido amplio, habitualmente llamada “Juanamanuela” con cariño sumo.

Calle Juana Manuela Gorriti, barrio de Puerto Madero, CABA.
La calle Juana Manuela Gorriti en Puerto Madero, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es un paseo peatonal que se extiende a lo largo y sobre la ribera oeste de la Dársena Sur, paralelo a la avenida Alicia Moreau de Justo y al más reciente Paseo del Bajo.

Un nacimiento impreciso

Juana Manuela Gorriti, hija única del general y doctor José Francisco Ignacio de Gorriti y Cueto (varias veces gobernador de Salta y congresal por esa provincia en el Congreso de Tucumán) y de doña Feliciana Zuviría (natural de Tucumán, hermana de Facundo Zuviría, uno de los hombres más prominentes del Altiplano, luego presidente del Congreso Nacional Constituyente de 1853 y miembro de la Corte Suprema de Justicia) nació en una finca rural del paraje llamado Horcones, en las inmediaciones de Rosario de la Frontera, provincia de Salta, en una fecha aún incierta.

El historiador Tristán Valdaspe en un manual de estudios de 1937 titulado “Historia de la literatura castellana” cifra el nacimiento en 1809, sin dar la data exacta; lo que vuelve dudable a la información es que consigna el fallecimiento en 1874, lo que es falso por completo.

Otros, como el historiador Julio A. Muzzio (en su “Diccionario Histórico y Biográfico de la República Argentina” de 1920), el recordado Félix Luna, o el mediático investigador Felipe Pigna dicen que ocurrió el 15 de junio de 1816, cuando su padre participaba del Congreso de Tucumán como diputado por Salta.

Hay quienes trasladan el nacimiento al 15 ó 16 de julio de ese mismo año, entre ellos su biógrafa más reciente Leonor Fleming, basada en una carta del 20 de julio de 1816 del tío de Juana Manuela, el canónigo Juan Ignacio de Gorriti –camarada de Mariano Moreno y opositor de Cornelio Saavedra, quien bendijera a la primera bandera de Manuel Belgrano y lo acompañara en sus campañas– dirigida a su hermano José Ignacio en la que asegura que “la criatura, bautizada de socorro con el nombre de Juana Manuela Feliciana, ha comenzado a dar berridos que demuestran la bondad de sus pulmones de cinco días.

El portal informativo del Gobierno de Salta y el registro de autores del Catálogo de la Biblioteca Nacional (que cita al Mayor don Delfín Gorriti, sobrino de Juana Manuela) ubican el alumbramiento en el 15 de junio de 1818, e incluso hay quienes se atreven a fijarlo en 1819.

Hay un dato no tan conocido que parece confirmar la hipótesis de 1816: en “Güemes: Recuerdos de la infancia” la propia Juana Manuela Gorriti cuenta que conoció al gobernador don Martín Miguel de Güemes, quien dejaría su cargo en manos de su padre; si se considera que el general en jefe de los Infernales fue herido por los realistas el 6 de junio de 1821 y murió 11 días más tarde, es más factible que para entonces la futura escritora estuviese rondase los 5 años de edad y no los 3.

Una vida de novela

La muerte de Güemes, óleo de Antonio Alice.
“La Agonía y Muerte de Güemes”, óleo realizado a los 24 años por el renombrado pintor Antonio Alice (autor también de la magistral composición “Los Constituyentes de 1853”) conservado en la Legislatura de la Provincia de Salta. La figura de Güemes fue central en toda la producción de Juanamanuela.

Era el tiempo de la Independencia, la nación Argentina nacía a fuerza de pujos, se sumía en guerras civiles fratricidas, eran épocas de caudillos provinciales, de la interminable disputa bizantina entre Federales y Unitarios, del moroso florecimiento del Romanticismo –que vería la luz por la pluma pionera de Esteban Echeverría– y el abandono del Clasicismo en la literatura del Río de la Plata.

“La obra entera de Juanamanuela estuvo surcada por su convicción de que el ámbito de acción de la mujer debía trascender por completo el espacio doméstico para desempeñar papeles múltiples, certeza que enalteció con el ejemplo.

En los confines del territorio que hoy es nuestro país, en la indómita provincia de Salta, nacía una niña destinada a brillar irredimible a pesar y a raíz de todo, aun del olvido de los indiferentes años venideros: Juana Manuela Gorriti, para exquisitos, tal vez sólo para paladares selectos, como veremos, no simplemente una alegoría.

Ya en el atribulado tiempo en que transitaba la infancia precoz, Juana Manuela Gorriti conoció al General Martín Miguel de Güemes, sobre quien escribiría con pasión en el futuro, amigo personal y compañero de luchas de su padre (también un personaje histórico destacado).

“Juanamanuela”, como se hizo costumbre llamarla, supo granjearse espacio para iniciar sus estudios formales en la capital su provincia natal y conocer los pormenores de la religión en un instituto de monjas merced a las gestiones de una tía.

Intolerante con la rigurosa clausura escolar, enferma, devuelta a la estancia paterna, se sumergió en la literatura y aprendió el idioma francés que tanto fascinaría a su generación y a las siguientes; se perfilaba tal vez sin saberlo una de las grandes lumbreras literarias del siglo 19.

Con idéntico afán y solvencia se dedicó con los años al rescate de las lenguas regionales, las puso en valor, insistió sobre la necesidad de preservarlas, difundirlas y mantenerlas en la conciencia colectiva.

Adelantada para su época, mostró tanto un talento excelso como narradora, cuanto una certera capacidad para la crónica perspicaz de los hechos de la cultura en sentido amplio, el pensamiento, la historia y la sociología de los sitios en que discurrió su existencia, una verdadera periodista cuando no las había.

María del Carmen Puch de Güemes, esposa del General Martín Miguel de Güemes.
Carmencita Puch de Güemes, en palabras de Juanamanuela “una mujer maravillosa, con todas las seducciones que puede soñar la más ardiente imaginación” y como ella sufrida compañera de un guerrero, no sobreviviría a la temprana pérdida de su esposo.

Desde muy joven se interesó en temas inusitados para su contexto histórico, entre los que cobraron notoriedad la defensa de su identidad y de sus orígenes, el lugar de la mujer en la sociedad, sus derechos, el papel de la educación y la ciencia en el desarrollo y los avatares de la política.

Juana Manuela Gorriti para exquisitos: madre, estudiosa, escritora, pensadora, educadora, promotora, ciudadana, dedicada a sí misma, a su hogar, a las sociedades en las que se desenvolvió y a su patria.

La obra entera de Juanamanuela estuvo surcada por su convicción de que el ámbito de acción de la mujer debía trascender por completo el espacio doméstico para desempeñar papeles múltiples, certeza que enalteció con el ejemplo.

Juana Manuela Gorriti para exquisitos y prosaicos fue toda en una: madre, estudiosa, escritora, pensadora, educadora, promotora, ciudadana, dedicada a sí misma, a su hogar, a las sociedades en las que se desenvolvió y a su patria.

Sobre el austero final, la mujer callaría los avatares de la niñez, se desprendería de cualquier pretensión de abolengo y pertinencia social, y apenas reclamaría con respeto la deuda moral del país hacia su familia y hacia ella misma.

El resto de la verdad quedaría en los rumores contemporáneos de los que nada supieron las generaciones subsiguientes.

El azar, el destino y la fatal historia de los hombres la alejaría de su tierra y su patria natal a los 13 años para llevarla sin su consentimiento a ser parte de uno de los capítulos más brutales del devenir de la hermana y naciente Bolivia.

Las luchas intestinas que azotaban en especial al noroeste del territorio nacional dieron comienzo a una interminable peregrinación por distintas capitales que finalizaría más de un siglo después de su muerte y que dejó una impronta indeleble, casi una cicatriz que atravesó su obra.

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