Veronese

Post-it: que parezca un accidente

A veces, los grandes inventos suceden por obra de la suerte; a veces ocurren por pura casualidad; y otras veces pasa que acontecen como fruto de enormes esfuerzos y una colosal fuerza de voluntad. Lo singular es que sean la consecuencia imprevisible de un fracaso meridiano. Tal el caso de las Post-it®, las simpáticas y prácticas notas adhesivas que no pueden faltar en la oficina, la escuela o el hogar de cualquier persona que se diga moderna. Todo un fracaso destinado al éxito.


Post-it para todo y para todos.

Aunque los fundamentalistas de la ecología las critican porque se fabrican con papel, las Post-it continúan en la vida diaria de millones de personas alrededor del mundo.

La historia de las notas adhesivas removibles, las populares Post-it, reconocidas en todo el mundo por su distintivo color amarillo –aunque hoy se impriman en una amplia gama de colores– no comenzó de una manera muy promisoria.

“Empecé a hacerme conocido como el Sr. Persistente, porque no me daba por vencido.

—Spencer Silver.

A fines de la década de 1960, el doctor Spencer Ferguson Silver era un novel ingeniero químico de los laboratorios 3M, que trabajaba en el hallazgo de supercementos extra fuertes de acrilato basados en microesferas para la industria aeronáutica y aeroespacial.

“Parte de mi trabajo como investigador era desarrollar nuevos adhesivos y en aquella época queríamos encontrar la forma de hacer pegamentos más grandes, más fuertes y más duros”, declara Silver.

Basado en una fórmula patentada por el inventor Shiro G. Takemoto (un especialista en adhesivos susceptibles a la compresión) trataba de obtener un pegamento ultra duro.

“En el proceso, me topé con algo peculiar: un adhesivo sensible a la presión que se unía firmemente a casi cualquier superficie, pero sin vincularse a ella”, recuerda.

Las microesferas de acrilato hacían que el cemento sólo se ligara de manera tangente –pero no plana– con las superficies, de modo que era posible pegarlo y despegarlo con suma facilidad si uno tiraba de él.

Como las microesferas eran increíblemente fuertes y cohesivas, el adhesivo

  • no se rompía,
  • ni se disolvía,
  • ni se fundía, con lo cual
  • era reutilizable y
  • no dejaba residuos una vez removido.
Spencer Silver y Art Fry, los padres de las Post-it en el laboratorio de 3M.

Dos mentes brillantes: Spencer Silver y Art Fry, los padres de las Post-it, en los laboratorios de 3M.

El pegamento formulado en 1968 era tan débil que podía ser aplicado, retirado y aplicado de nuevo sin dejar marca alguna sobre las superficies, una cualidad asombrosa que adolecía de un terrible defecto: el doctor Spencer Silver no tenía la menor idea de qué hacer con su descubrimiento.

El entusiasta inventor había creado por accidente y sin saberlo un engomado removible y reusable que revolucionaría a una parte, pequeña pero imprescindible, de la existencia diaria de millones de personas hasta hoy.

Como ocurre con los inventos que inauguran una nueva categoría de producto, el campo de acción estaba desierto.

Innovación y frustración

Spencer Silver, coinventor de las notas adhesivas removibles Post-it.

El químico de polímeros Spencer Silver encontró la forma de producir eladhesivo que haría posibles a las notas autoadhesivas removibles Post-it.

A lo largo de los próximos 5 años, Silver deambularía por los pasillos de 3M, asistiría a charlas de bar y discusiones de oficina, y promovería encuentros, reuniones y seminarios con su “solución sin problema” a cuestas, sin ganar aceptación ni conseguir un solo interesado en su pegamento.

A principios de la década de 1970, el nuevo gerente del laboratorio de productos de 3M era el doctor Geoffrey Nicholson (un innovador nato que luego llegaría a Vicepresidente de Planificación y Operaciones Técnicas Internacionales de 3M, hasta su retiro en 2001) y Silver intentó persuadirlo de las bondades de su invención.

Para ello esparció adhesivo sobre una pizarra de manera que funcionara como cartelera y los empleados de la empresa pegaran allí sus anuncios, anotaciones y mensajes obviando la necesidad de usar chinches o cinta, y con la ventaja de que podían retirarlos intactos, sin que se dañaran y sin que quedaran huellas del pegamento.

Art Fry, el ingeniero químico que imaginó a las Post-it.

Coreuta consumado, Art Fry fue quien imaginópor primera vez realizar notas autoadhesivas que terminaría por volverse las populares Post-it.

Una vez más el científico pensaba al revés o, mejor: pensaba de la manera en que había sido educado para estar en lo correcto. Si bien la idea era decente, el directorio de 3M no le encontró potencial, y adujo que las ventas anuales de pizarras eran muy bajas como para resultar atractivas.

Silver extrajo entonces el as que guardaba bajo la manga: un spray para pulverizar el adhesivo sobre las superficies a pegar, concepto que pareció menos comercializable todavía que las pizarras. Otra vez recibió un no por toda respuesta.

Geoff Nicholson estuvo de acuerdo, pero resolvió reflotar el programa del 15% de 3M que permite a los empleados usar esa proporción de sus horas de trabajo en proyectos personales.

El fracaso rotundo hizo que el joven doctor Silver se viera obligado oficialmente a archivar el proyecto hasta nuevo aviso, aunque el guiño de Nicholson le dejaba una puerta abierta para la experimentación.

Pre-it de las Post-it

Diagramas complejos realizados con la ayuda de Post-it.

Las Post-it de 3M –mucho más que meras notas o etiquetas de colores– cambiaron para siempre la manera de comunicar por escrito y enriquecieron el lenguaje visual de hogares, oficinas y escuelas.

Arthur “Art” Fry, un colega de Silver en 3M, cantaba en un coro de la iglesia de Saint Paul al que concurría por las noches. Como muchos músicos, marcaba las partituras y los libros de himnos con pedazos de papel que, invariablemente, se deslizaban, se caían, o se volaban cada vez que los abría.

Un domingo de 1973, Fry imaginó algo que cambiaría las vidas de todos –ellos y nosotros– para siempre.

“Yo había escuchado a Spencer hablar de su adhesivo en varias ocasiones, y algunas cosas había aprendido. Claro que con tantas nuevas tecnologías dando vueltas, uno archiva lo que oye en su banco de memoria, hasta que algún día lo recupera en el momento en que se le presentan los problemas”, dice Fry.

Aquella noche pensó que el malogrado pegamento de microesferas de Silver podría ayudarlo a fijar sus señaladores en las páginas: si estuviera aplicado con firmeza al papel del marcador, lo mantendría en su lugar sin dañar a la hoja de la partitura.

“En las áreas de innovación ocurren estos accidentes. Cuando se descubrió la penicilina, fue por accidente. Es tan fácil tirar todo a la basura, que se requiere verdadera curiosidad para entender lo que en realidad sucede allí.

—Geoff Nicholson.

El lunes siguiente Fry solicitó a 3M una muestra del producto y comenzó a ensayar.

Primero recubrió sólo un borde de sus nacientes marcadores de página, de manera que la parte que sobresalía no fuese pegajosa, y los probó en familia y entre sus compañeros de trabajo; luego decidió extender el experimento a las notas que dejaba a diario a sus jefes.

Fry entonces insinuó a Nicholson y a Silver que, en lugar de colocar el adhesivo en la pizarra, debían “ponerlo en los pedazos de papel y así poder pegarlos a cualquier cosa”.

El nacimiento de las Post-it había sido tan humilde y silencioso, como repentino.

Años más tarde, ya jubilado, Nicholson –no sin razón– sentenciaría:

  • La investigación consisten en transformar el dinero en conocimiento.
  • La innovación es transformar el conocimiento en dinero.
  • La creatividad es pensar.
  • La innovación es hacer.
  • Si se tiene una idea, también se debe tener la pasión para hacer algo al respecto.

Nada es tan fácil ni tan difícil como parece

Apple Store con una imagen de Steve Jobs hecha con Post-it de colores.

3M recurre a la creatividad de los consumidores para encontrar usos novedosos y atractivos para las Post-it (Steve Jobs, cofundador de Apple, ilustración con etiquetas adhesivas de la marca).

A principio, todo fue como empezar de nuevo.

La idea de Fry parecía más viable de lo que resultó en las primeras pruebas:

  • era relativamente sencillo conseguir que el adhesivo se pegase a las notas,
  • pero en los primeros prototipos terminaba por desprenderse y fijarse en la superficie sobre la que se había colocado la nota.

Era una cuestión de preferencia. Dependían de la propensión que tuviera hacia una u otra cara.

Al cabo de meses de intentos fallidos, entraron en escena dos empleados de 3M, Henry Courtney y Roger Merrill, quienes propusieron anteponer una película porosa que aumentara considerablemente el contacto tangencial con el adhesivo (que así la preferiría antes que a la superficie de soporte), y al mismo tiempo se pegara con firmeza al papel.

El recubrimiento sugerido tuvo éxito, y no ha variado desde entonces hasta hoy.

“Yo creo que lo que tenemos aquí no es sólo un marcador para libros: es una manera enteramente nueva de comunicar.

—Art Fry.

Ahora había que convencer a los ejecutivos de 3M.

Aunque las Post-it eran muy populares puertas hacia adentro de la compañía –sobre todo en los laboratorios– la alta jerarquía, convencida de que el producto no representaría un logro comercial, mantuvo archivado el proyecto por más de 3 años.

Al tratarse de un producto enteramente nuevo, se requería construir la maquinaria para fabricar en masa los blocks de Post-it. El costo prohibitivo del equipamiento –para colmo destinado a un producto que era visto con malos ojos por los expertos en marketing– suscitaba la resistencia de los directivos.

“Para mí [que las Post-it originales se hicieran en papel amarillo] fue otro de esos accidentes increíbles. No fue pensado. Nadie dijo que serían mejor amarillas que blancas para diferenciarlas. Fue puro accidente.

—Geoff Nicholson.

Por fin, en 1977, 3M inició los ensayos previos de venta de las notas adhesivas Post-it con el nombre de entonces: –“Press ‘n Peel”– en áreas escogidas de 4 ciudades diferentes, para averiguar si la gente estaba dispuesta a comprar y usar el producto.

Los resultados, que confirmaron la intuición de los directivos y del área de marketing, significaron una nueva decepción para Silver.

Por fortuna, las oficinas, escuelas y hogares de todo el mundo no se privarían de las Post-it gracias a que Nicholson y su superior inmediato, Joe Ramey, no estaban dispuestos a dejar de lado al invento.

Convencidos de que marketing había fracasado en la comunicación de las cualidades del producto, decidieron reintroducir las Post-it un año más tarde.

En 1978, entregaron enormes cantidades de blocks de muestra gratis entre las empresas de Boise, Idaho, y se sentaron a esperar.

El mercado ¿pide lo que quiere?

La Post-it Plus App de 3M.

La Post-it Plus es una aplicación para dispositivos móviles que captura las notas de una sesión de trabajo para que el usuario pueda organizarlas y compartirlas.

Esta vez, el desenlace fue sublime: el 94% de las personas y organizaciones que habían recibido las muestras ordenó el reaprovisionamiento inmediato sin preguntar el precio del producto; nunca en los más de 2017 años de vida de 3M se alcanzó una tasa inicial semejante para ninguno de sus célebres artículos; más aún, el producto más exitoso, la cinta Scotch, apenas llegó a la mitad de lo que lograron las Post-it.

“Como todas las innovaciones revolucionarias”, asegura Silver, “éste es un producto que nadie cree necesario hasta el día en que lo necesita”.

“Éste fue siempre un producto autopublicitario debido a que los consumidores colocan notas en documentos que envían a otras personas en las que despiertan la curiosidad. Las miran, las quitan y juegan con ellas; luego salen a comprar un block para sí mismas.

—Art Fry.

El lanzamiento oficial en Estados Unidos, con el nombre definitivo y el característico color amarillo canario, llegó 2 años después, el 6 de abril de 1980.

Al año siguiente salieron a la venta en Canadá y en toda Europa.

Muy pronto el mundo tomó nota, y hoy se venden en más de 150 países; desde aquel momento las Post-it (en cualquiera de los más de 4.000 productos asociados a la marca) forman una parte indisoluble de nuestro paisaje cotidiano.

Tuvieron que pasar 5 años de rechazo constante para el adhesivo de Spencer Silver, seguidos de otros 7 duros años de idas y vueltas en el desarrollo, para que las Post-it llegaran al mundo y se volvieran uno de los 5 suministros de oficina más vendidos y mejor reputados que existen.

“En 3M tenemos un dicho: cada gran producto nuevo es aniquilado al menos 3 veces por los directivos.

—Geoff Nicholson.

Las Post-it no sólo marcan, recuerdan y comunican. También capturan fragmentos del pensamiento, fracciones de inspiración, para que no se nos pierdan. Son un medio excelente para realizar pedidos, dar instrucciones, o expresar estados de ánimo. Y nos permiten dejarlas fijas en un monitor, un gabinete, una heladera, un televisor, el tablero de un vehículo, un libro, la tapa de un inodoro, el espejo, el lavarropas, el plato de comida de una mascota, y así conseguir la atención necesaria en el momento preciso y en el lugar adecuado, como los enlaces de hipertexto en Internet, o los SMS de los celulares, para que la distracción no nos supere.

En 2014, la Real Academia Española, con su proverbial pobreza de gusto, anunció que la edición 23 del Diccionario de la lengua española incluiría a la palabra castellanizada de la marca: pósit.

Las lecciones que podemos obtener de la inquieta vida de las Post-it son tan incontables como provechosas. Lo que parecía un accidente, acabó por transformarse en un negocio cuya exuberancia aparenta no tener límites.

Arriba