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Tita Merello: “Se dice de mí…”

Conocida como “Tita de Buenos Aires”, Laura Ana Merello –alias Tita Merello– vivió hasta el último de sus días de su muy personal existencia en la capital de la Argentina, adonde murió a los 98 años. Sin embargo, como sucede desde hace casi un siglo con Carlos Gardel, los exaltados de ambas orillas del Río de la Plata se disputan su procedencia nacional como si fuese vaya a saber qué mérito.


Ilustración en colores sobre una foto blanco y negro original de Tita Merello.

El primer trabajo de Tita Merello a su vuelta a Buenos Aires, cuando contaba con 15 años, fue en el teatro de los bajos fondos portuarios “El Bataclán”, como corista relegada a la prostitución, hasta que empezó a cantar tangos.

Morocha, petisa, de lindas piernas y labios voluptuosos, ella misma era su personaje al natural, rabiosa, exultante y dotada de un ángel que sabía sostener a fuerza de una mirada a la vez provocativa e insinuante.

“No empecé por vocación, sino por hambre. Me costó trabajo aprender a vivir, pero aprendí a vivir, a leer, a pensar por mi cuenta. Si fuera verdad que la inteligencia se desarrolla mejor cuando encuentra resistencia, yo tendría que ser la mujer más inteligente del mundo. Fui resistida y resistente.

—Tita Merello.

Surgida del abandono, el asilo y la calle –acaso las causas de esa prepotencia de vida que la caracterizó fuera y dentro de los escenarios– Tita Merello incursionó, todavía analfabeta, en las tablas del teatro; muy pronto se destacó junto con Ada Falcón, Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Rosita Quiroga y Mercedes Simone entre las primeras cantantes de tango y milonga surgidas durante la década de 1920; y más tarde como actriz en el incipiente “cine sonoro” (tuvo su primer papel en “¡Tango!”, la primera película argentina con sonido) donde encontró la consagración final con “La Fuga” en 1937.

Con el tiempo –ya era Tita de Buenos Aires– sería convocada por la radio (medio en el que continuó mientras tuvo fuerzas) y la televisión.

No había nacido para cantar –sin maestros que la guiaran, desafinaba, no conseguía sostener las notas, y en los comienzos tuvo que soportar abucheos y chiflidos– sino más bien para decir, de un modo dramático, característico y original, tangos que otras mujeres no se atreverían a incluir en su repertorio, para volverlos pequeñas obras de arte individuales.

Grabó sus primeras canciones para el sello Odeon en 1927. “¿Te acordás, reo?”, de Emilio Fresedo, y “Volvé, mi negra”, de Fernando Diez Gómez y José María Rizutti, nunca llegaron a ocupar las caras de un disco de pasta y quedaron inéditas. Sólo 2 años después, pasó a la RCA Victor, para la cual realizó 20 temas y debutó en la composición, para sumirse luego en un prolongado paréntesis musical.

De la mano de Francisco Canaro regresó a los estudios de grabación de la Odeon recién en 1954 –ya rozaba los 50 años– para registrar temas inolvidables (produjo 7 discos en menos de 1 año) como “Arrabalera”, “El choclo”, “Llamarada pasional”, “Niño bien”, “Pipistrela” y el título que da nombre a esta nota, “Se dice de mí”.

Tita Merello en la película “Mercado de Abasto”.

Mirá el video del “trailer” de “Mercado de Abasto”, del director Lucas Demare.

Tita Merello, la uruguayita

Tita Merello en su plenitud.

Tita Merello siempre dijo sin empacho que su vocación fue fruto de la necesidad de abandonar a la miseria con que se había criado: a los 20 años aprendió todo lo que necesitaba para triunfar, desde leer y escribir, hasta bailar.

Según obra en el Registro Civil de la Nación, Laura Ana Merello nació el 11 de octubre de 1904 en el domicilio de calle Defensa 715 en el barrio porteño de San Telmo; dato curioso: si bien consta que es hija de Santiago Merello, de profesión cochero, no figura en cambio en el original el nombre de su madre, la planchadora uruguaya Ana Gianelli, quien sería agregada recién en 1908 a la misma partida, ya fallecido su padre, víctima de tuberculosis.

A los 5 años de edad fue internada en un asilo de Villa Devoto y, más adelante, alternó por diferentes destinos entre los cuales desempeñó tareas diversas; durante su estada en Montevideo, trabajó de sirvienta, hasta que por indicación médica (se le había diagnosticado tuberculosis) fue llevada a una finca propiedad de su tío cerca de la ciudad de Magdalena, en el Gran Buenos Aires, en la que ejecutó casi todas las labores de campo; en 1916, a los 12 años, Tita Merello regresó a Buenos Aires y se radicó en una precaria casa ubicada en Corrientes 1318 en compañía de su madre Ana, desde donde comenzaría a forjar la carrera que la proyectó al primer plano nacional.

 “Descubrí que no hace falta ser bonita. Basta con parecerlo. Soy insolente de nacimiento y temperamento. Y con capacidad para sostener una insolencia. […] No recuerdo si tuve una infancia precoz. Lo que sé es que fue muy breve. La infancia del pobre siempre es más corta que la del rico.

—Tita Merello.

A 9 años de su muerte, en 2011, Daniel López Villalba, un diputado uruguayo del tradicional Partido Nacional –también conocido como el partido de los “blancos”– anunció en la radio El Espectador, de Montevideo, que de sus investigaciones personales, pasadas al Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental, surgía que Tita Merello no es Tita de Buenos Aires, sino Tita de San Ramón, en el departamento charrúa de Canelones, y que nació el 25 de diciembre de 1898, no el 11 de octubre 1904 como la misma artista repetía por contraste.

En declaraciones hechas a la BBC, López Villalba aseguró que su iniciativa, inspirada en el caso de Gardel (en sus palabras: “Muchísima gente viaja a Tacuarembó, en Uruguay, para conocer el lugar donde nació Gardel. Queremos suscitar el mismo interés por el sito de donde vino Tita Merello”), buscaba que se reconozca la “uruguayez” de Tita.

Si bien Tita Merello nunca mencionó que proviniera de Uruguay, López Villalba lo atribuye a que sus declaraciones postreras, en las que admitía haber vivido su primera infancia en la costa de enfrente, fueron censuradas.

“Cuando ella viene a San Ramón, […] va a buscar su fe de bautismo, después pide que la paseen por donde vivía cuando era chica; nombra a dos vecinos, compañeros de juegos, cuenta cómo eran los juegos, cuenta cómo era San ramón cuando ella era chica.

—Daniel López Villalba, diputado PN.

—Aseveraciones del diputado Daniel López Villalba.

De todos modos, el legislador canelón (o canario, a la usanza local) afirmó que su único interés es responder a la inquietud de los vecinos de San Ramón, quienes le pidieron que Tita Merello sea declarada patrimonio cultural de la ciudad.

López Villalba sostuvo que la iglesia de San Ramón conserva los asientos del bautismo –realizado el 26 de enero de 1899– donde Tita Merello fue anotada como Carmen Eusebia Merello.

El diputado blanco se extendió para aclarar: “Para Canelones es muy importante poder rescatar su patrimonio cultural que es tan rico y [del] que a veces los canarios nos olvidamos. Simplemente es elevar [la moción] hacia el Ministerio de Cultura para que investigue más a fondo, pero todo indicaría que Tita de Buenos Aires nació en San Ramón”.

“San Ramón es un lugar chico: tiene menos de 10.000 habitantes. Para un habitante de allí es importante poder decir: ‘ella nació en mi ciudad’. Tiene que ver con una cuestión de orgullo y de identidad”, concluyó el legislador, no sin conceder que, de prosperar su iniciativa, el potencial turístico para la localidad y la región sería invaluable.

Pipistrela

Tita Merello: Se dice de mí · La femme fatale.

Desde el ambiente decadente de la zona portuaria capitalina, Tita Merello llegó a superarse, destacarse y convertirse en una gran vedette del Teatro Maipo, donde estaban los espectáculos de revista más importante de la Argentina.

Tita Merello hizo todo siempre con el mismo frenesí arrollador. Mujer de muchos hombres, sólo reconoció a un único amor: el  que le profesara al inmortal humorista Luis Sandrini, con quien convivió alrededor de 10 años, al cabo de los cuales él se marcharía detrás de Malvina Pastorino, una actriz más joven y quizás más agraciada; ambos contrajeron enlace en 1952; lo notable es que Sandrini ya había hecho lo mismo antes al casarse con la actriz Chela Cordero y dejarla finalmente por Tita en 1942.

En dúo con el maestro Héctor Stamponi, Tita Merello escribió el tango autobiográfico “Llamarada pasional” en el que invocaba a Sandrini: “La voz de un hombre me persigue en el recuerdo,/en el recuerdo tormentoso del ayer./Era una voz que suplicaba a mi conciencia/que fuera buena, que lo quisiera bien./Son mis sentidos que te gritan que regreses,/es mi tormenta la que aflora con tu voz./Es llamarada el quererte y no tenerte,/saber que late para ti mi corazón”.

“Mi mejor personaje es el mío. Una actriz dramática se llora a sí misma cuando interpreta a un personaje teatral.

—Tita Merello.

A principios de la década de 1980, cuando Chela Cordero ya estaba gravemente enferma, Tita Merello, que ya no era ninguna “piba”, se acercó hasta el sanatorio en el que estaba internada para suplicarle: “¡Perdone, señora, por todo el daño que le hice!”.

Aunque jamás logró olvidar a Luis Sandrini, sobrellevó ese amor no correspondido con la dignidad que le era distintiva e instintiva, y que se insinuaba en palabras de Fernando Ochoa, al compás de la música de Juan Canaro: “Me llaman la Pipistrela/y yo me dejo llamar;/es mejor pasar por gila/si una es viva de verdá”.

Nunca se casó ni tuvo hijos; no obstante, por sus brazos pasaron figuras prominentes y no tanto de la colonia artística como los actores Arturo García Buhr, Héctor Méndez, Dardo Rubia, o Tito Alonso; mantuvo además romances rotundamente desmentidos (“Son comidilla de revistas”, gambeteó) con Alfredo Alcón, Luis Arata, Santiago Arrieta, Héctor Calcaño, Alberto de Mendoza, Adolfo García Grau, Jorge Morales, Alejandro Rey, Jorge Salcedo, Juan Carlos Thorry u Oscar Valicelli, y se la vinculó con el periodista Américo Barrios, director del diario Democracia.

Tita Merello obtuvo premios y recompensas de todos los ámbitos, pero tal vez lo más relevante fue la gratitud del público que, a lo largo de más de 60 años de carrera, y aun luego de su retiro, la consagró como mujer del tango y símbolo de Buenos Aires, reconocimiento que perdura y se mantiene intacto hasta hoy, 2017 después de que nos dejara.

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