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Tiempo, clima y RSE bajo la lupa

Los conceptos de tiempo y clima, si bien mantienen una relación inclusiva, suelen ser mal usados hasta por los meteorólogos, esos personajes tan ubicuos en el escenario mediático de estos días. Mientras el tiempo atmosférico expresa las condiciones ambientales del momento presente –que pueden ser en extremo diversas– el clima es una estadística que alude a características menos transitorias, a veces más previsibles, que se desarrollan en períodos de tiempo extensos. Sin embargo, en los últimos años, tiempo y clima parecen ya no ser lo que solían, y asistimos a cambios de una brusquedad e intensidad que nos sobrepasan.


Tiempo, clima y RSE bajo la lupa: rayos durante una tormenta de El Niño.

El fenómeno reconocido con el nombre de El Niño cobra notable virulencia en cada una de sus nuevas reiteraciones a escala global.

Apenas pasado un mes de la firma del acuerdo que impone tratar de modificar la tendencia al calentamiento que sufre el planeta durante la Cumbre del Clima de diciembre de 2015 en París, se conoció un dato más que inquietante: volvió a batirse la marca histórica de temperatura global –quebrada en 2014– desde que comenzaron a tomarse registros globales en 1880.

La información, publicada el 19 de enero de 2016 por la Administración para el Océano y la Atmósfera de EE.UU. (en inglés NOAA) junto con la Agencia Meteorológica de Gran Bretaña (Met Office) y la Administración Nacional de la Aeronátuca y el Espacio (NASA), deja atrás al récord anterior de un modo contundente.

Los datos revelados por los científicos colocan al registro de 2015, tope de temperatura planetaria, en 0,9°C por encima de los niveles preindustriales, contra los 0,74°C alcanzados en 2014.

La tendencia a la aceleración del calentamiento se evidencia en que 9 de los 10 años más calurosos de la serie histórica pertenecen al siglo 21. El récord de 2015 pone a los 15 años posteriores a 2000 entre los 16 más cálidos (el decimosexto faltante es 1998, que ocupa el sexto lugar).

Aunque la tendencia se aprecia desde el comienzo de la Revolución Industrial, la mayor parte del aumento se produjo entre 1980 y 2015.

La Tierra se calienta. Los investigadores del clima alertan desde hace décadas sobre el crecimiento progresivo de la temperatura global, con el riesgo consiguiente de catástrofes naturales devastadoras. Y el fenómeno, lejos de detenerse, empeora. La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) está obligada a hacer foco sobre este tema particular.

Tiempo, clima y emisiones

Tiempo, clima y RSE bajo la lupa: nubes de tormenta.

De manera impredecible, y en muy cortos lapsos de tiempo, se desarrollan meteoros de una violencia catastrófica, sin que nada pueda hacerse para moderar sus efectos.

Los 195 gobiernos presentes en la Cumbre se comprometieron a bajar el techo de emisiones de gases invernadero (de las hay una responsabilidad mayoritaria e innegable en la civilización) lo que debería llevar a que no se superen los 2°C de incremento total en la temperatura media del planeta para 2100. Pero el texto signado en París todavía debe ser ratificado por cada uno de los países adherentes, y no entrará en vigor hasta 2020.

La necesidad de trabajar en conjunto para llevar el documento hacia metas concretas también supone fijar plazos para que pueda ser efectivo y conducir hacia una transición energética que elimine a los combustibles fósiles como fuentes para la actividad humana, algo que está lejos de ocurrir.

El impacto de estos años tórridos, y los récords crecientes en las marcas, no van a tener solución en 4 años, aun si los países firmantes y cada uno de los líderes que los integran son capaces de mantener lo comprometido con RSE sobre el problema.

Si se compara a la realidad fáctica –lo que expresan los datos– con los compromisos que surgieron de la Cumbre de París, la temperatura global llegaría en efecto a los 2,7°C.

El registro de 2015 marca una suba interanual de 0,16°C, lo que significa un salto enorme que sólo admite un precedente similar en 1998, cuando la diferencia respecto a 1997 fue de +0,12°C.

El Niño terrible

Tiempo, clima y RSE bajo la lupa: tormenta eléctrica en ciernes sobre la ciudad de Santa Fe.

Tormenta eléctrica en ciernes sobre la ciudad de Santa Fe: el final del verano reserva para la ciudad fenómenos meteorológicos desacostumbradamente intensos y dañosos.

Los primeros en notar una mutación más o menos cíclica del clima local, que acabaría por describir a una suerte de anomalía de alcance planetario (el fenómeno recurrente conocido como “El Niño”) fueron los pescadores de Paita, al norte de Perú, en el siglo 19.

Cada tanto, y siempre cerca de la Navidad, percibían un aumento apreciable del calor, que hacía que los cardúmenes desaparecieran de la superficie, atribuido a la llegada del Niño Dios.

Las temperaturas globales elevadas de este 2016 no pueden explicarse sólo por que estamos en un año dominado por El Niño; por el contrario, es al parecer la tendencia al calentamiento de las últimas 4 ó 5 décadas la que ha provocado que éste se manifieste con mayor crudeza.

Según la Met, la virulencia de El Niño tendrá una influencia gravitante que hará subir una vez más la temperatura media del planeta en 2016, para superar a 2015 como el año más caluroso de la historia reciente.

Los cambios de temperatura no son constantes en toda la Tierra, y también difieren según se trate de los océanos o los continentes; desde 1980, las temperaturas terrestres han crecido al doble de la velocidad con que lo hicieron las marinas; el calentamiento global también induce fenómenos inversos, como fríos extremos o inusitados, consecuencia directa de los desbalances atmosféricos.

Un acuerdo sin memoria de corto plazo

Tiempo, clima y RSE bajo la lupa: emisiones de carbono a la atmósfera.

Las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera se multiplicaron década tras década y de manera alarmante desde el inicio de la industrialización.

El documento de París promete, en un ambiente de júbilo, “mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales, y perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados”.

“Es la mejor oportunidad que tenemos de salvar el único planeta que tenemos”, afirmó el presidente de EE.UU. Barack Obama, quien valoró el esfuerzo y sus consecuencias para el futuro, aunque reconoció que el acuerdo no es perfecto.

Los científicos, no obstante el optimismo generalizado, ya han dado la voz de alarma para que se cumpla cuanto antes lo firmado en la Cumbre para cambiar el modelo energético actual hacia uno más sostenible.

Para tener alguna oportunidad de no sobrepasar el límite comprometido de 2°C en 2100, y así frenar el aumento sostenido de la temperatura global (lo que haría del cambio climático en curso algo menos catastrófico) todos los países necesitan establecer planes inmediatos para la descarbonización total de la energía antes de 2050.

Cabe a la RSE en todos los ámbitos asumir comportamientos solidarios, trabajar con decisión y presionar hacia arriba y hacia adentro en este sentido, en consonancia con las palabras del administrador general de la NASA: “El cambio climático es el desafío de nuestra generación”.

Tiempo, clima y efecto invernadero

Tiempo, clima y RSE bajo la lupa: imágenes de radar meteorológico.

Imágenes de radar meteorológico: si bien los avances tecnológicos nos permiten conocer con precisión y cierta anticipación el comportamiento del tiempo, sus efectos dañinos no pueden evitarse.

En rigor de verdad, el efecto invernadero es el proceso gracias al cual es posible la vida en la Tierra: si la atmósfera y los gases que la componen no retuvieran y moderaran el calor proveniente del Sol, la temperatura promedio en la superficie del planeta estaría muy por debajo del punto de congelamiento del agua. Se crea de este modo un entorno muy similar al que ocurre en un invernadero rodeado por superficies acristaladas que dejan pasar a la luz, pero no dejan salir el calor.

A partir de la Revolución Industrial, sin embargo, la actividad humana ha provocado una alteración en la cantidad, concentración y composición de los gases que intervienen en el efecto invernadero, debida a la enorme liberación de emisiones, en especial de carbono.

Todos los estudios científicos documentan niveles de CO₂ y metano muy por sobre cualquiera de los ocurridos en los últimos 800 mil años –datos extraídos del análisis de los núcleos de hielo glaciar– que coinciden con la quema masiva de combustibles fósiles y por los cambios en el uso de los suelos por la actividad agropecuaria y la deforestación.

Así las cosas, el efecto invernadero fuera de su ciclo virtuoso provoca desequilibrios en el balance energético de la Tierra en consonancia con el cambio climático, y ambos se potencian en sus consecuencias.

Todos los días, la civilización contribuye a la amplificación de los fenómenos derivados del cambio climático, tanto por acción, como por omisión o, para ser más específicos, por emisión.

Desde la RSE, las organizaciones y sus líderes tienen el deber indelegable de informar, educar y accionar para que las prácticas nocivas habituales se reviertan en comportamientos sustentables que contribuyan, si no a detener, al menos a moderar lo que de otro modo devendrá más temprano que tarde en desastre.

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