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Sarah Mather inventora olvidada

Una mirada hacia atrás en la historia nos muestra que, si bien el progreso ha sido notable en el último tiempo, el reconocimiento de la mujer en nuestras sociedades dista de ser el esperado, más aún si se trata de muchachas descollantes, como Sara Mather, inventora olvidada de cuyo paso por la vida casi no han quedado rastros. Baste tratar de conocer quién imaginó y patentó un invento tan vital como el periscopio –¿alguien puede imaginar un submarino sin periscopio?)–para caer en la cuenta de que puede que la indiferencia sea la moneda más habitual en este destrato.


Sarah Mather inventora olvidada: el periscopio.

Es imposible imaginar a una nave tan simbólica y casi fantástica como un submarino desprovista de su emblemático periscopio, un invento original de Sarah Mather.

Sarah Mather, inventora olvidada por la cultura, la academia, los medios, es una más de tantas mujeres, y aunque su influencia en el mundo de la ciencia aplicada –para su momento la tecnología de punta– puede decirse fue cuanto menos original, todavía hoy nos es anónima.

Alcanza con googlear su nombre para reconocer el desconocimiento que existe sobre quien patentó la invención del periscopio y sus adecuaciones subsiguientes.

Si bien el periscopio ideado por Mather fue clave, más que nada en la historia de la navegación bajo el agua, poco se sabe de la extraña científica cuyas fechas de nacimiento y muerte permanecen en las tinieblas del tiempo.

“La lámpara y el telescopio se pueden usar para diversos fines, tales como el examen de los cascos de los buques, para visualizar o descubrir los objetos bajo el agua, para la pesca, la voladura de rocas para despejar los canales y otros usos.

El Diccionario Biográfico de la Mujer en la Ciencia (“The Biographical Dictionary of Women in Science”, Marilyn Bailey Ogilvie, Joy Harvey y Margaret Rossiter, 2000), una vasta obra que compila las biografías de cerca de 3.000 mujeres, sugiere que Mather contrajo matrimonio y tuvo por lo menos una hija, mas no agrega detalles sobre sus contribuciones en el campo de la óptica y la física.

Siquiera se sabe su fecha de nacimiento, sólo que se había criado en Brooklyn (cuando aún faltaban décadas para que se erigiera el simbólico puente que lo conecta con la isla de Manhattan), en los suburbios de New York, y no quedan registros de sus actividades, que debieron de haber sido múltiples y prolíficas.

No hay dibujos, pinturas, heliograbados, daguerrotipos –no hablemos ya de fotografías– de la célebre desconocida Sarah Mather: apenas un puñado de planos y bosquejos de su invención y desarrollo posterior, conservados en la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de EE.UU.

Pasado más de un largo siglo y medio desde el patentamiento de su “telescopio submarino”, Sarah Mather permanece en las largas y oscuras sombras que comparte con innumerables mujeres desconocidas que hicieron enormes aportes a la humanidad.

Ver bajo el agua

Sarah Mather inventora olvidada: fragmento del plano de patentamiento del “telescopio submarino”.

Imagen de una de las mejoras del periscopio original (el “telescopio submarino”) patentada por Mather el 5 de julio de 1864 con el Nº 43.465: la linterna submarina para iluminar objetos sumergidos.

Sin que el mundo –civil o militar– tomara conciencia, el 16 de abril de 1845 iba a cambiar para siempre la forma en que los ingenios navales influirían en el desarrollo de las investigaciones marítimas y el plano bélico, en un mundo que profundizaría sus tensiones.

La primera noticia que se tiene de la aplicación de un instrumento óptico para la observación por sobre un impedimento que obstaculiza la visión databa del año anterior, cuando un ingeniero de la Armada de EE.UU. llamado Thomas H. Doughty usó un tubo de acero y espejos prismáticos en la expedición al río Rojo durante la Guerra de Secesión estadounidense.

Una vez más, el lugar de la mujer en la historia oficial quedaba relegado. Sarah Mather le llevaba más de 15 años de ventaja a Thomas Doughty.

“La naturaleza de mi invención consiste en la construcción de un tubo con una lámpara unida a un extremo del mismo que puede ser hundido en el agua para iluminar objetos con el mismo, y un telescopio para ver dichos objetos y hacer exámenes bajo el agua…


El herrero e impresor germano Johannes Gutenberg, inventor de la tecnología que dio lugar a la imprenta de tipos móviles, había sólo maquetado una suerte de periscopio de espejos planos en la década de 1430, para permitir que los peregrinos vieran por encima de la multitud durante las fiestas religiosas.

Le cupo a Sarah Mather, natural del distrito de Brooklyn, New York, materializar y patentar el instrumento que llevaría en Nº 3995, en sus propias palabras un “telescopio submarino”, aparato que permitía examinar objetos debajo y encima de la superficie del agua, según la ubicación del observador.

La inventora había imaginado su ingenio para tareas como detectar y eludir obstáculos bajo el agua, esquivar rocas, reparar cascos o pescar, sin tener en cuenta un uso bélico.

Como la intención primaria de Mather era la investigación subacuática y la realización de tareas submarinas, su periscopio estaba dotado de una lámpara en su extremo sumergido, para poder iluminar el contexto.

En ediciones posteriores, el periscopio de Mather permitió calcular la distancia a la que se encontraban los objetos observados y su tamaño,lo que fue de suma utilidad para los submarinos, aunque también serviría a las tropas de tierra para visualizar el entorno desde el resguardo de las trincheras.

Hacia 1854, el químico francés Edme Hippolyte Marié-Davy pergeñó un artefacto tubular de uso naval relativamente sencillo, consistente en dos pequeños espejos enfrentados en el interior, fijados a 45° respecto al eje, y se quedó con los laureles oficiales.

El 5 de julio de 1864 se le otorgó a Sarah Mather la patente Nº 43465 por la “Mejora en los telescopios submarinos”; aunque nunca tuvo la intención de darle un uso militar, su invento fue muy útil para la detección de la actividad subacuática de los Confederados durante la guerra.

Sarah Mather inventora olvidada

“La mujer inventora”, revista de Charlotte Smith.
Portada del número inaugural de “La mujer inventora” (The Woman Inventor) de abril de 1890, publicada por la activista de los derechos laborales de las mujeres Charlotte Odlum Smith.

A la historia la escriben los que ganan, reza el aserto, pero parece más certero acotar “siempre y cuando sean hombres”: el caso de Sarah Mather es otro botón para muestra de la intrascendencia colectiva que toca a las ganadoras féminas.

Tras la invención y mejoramiento del periscopio, ese elemento tan icónico que despierta la fantasía de chicos y grandes, sin el cual los submarinos se nos hacen difíciles de pensar, los pasos de Sarah Mather se perdieron para siempre en la noche y niebla de su agitada época.

Se dice que murió el 21 de junio de 1868, sin poder ver plasmado el uso práctico pleno de su invención, y sin que se aceptaran mujeres en las tareas submarinas de toda índole a las que ella dio paso.

Como contraparte, sí quedan registros fieles de las mejoras a la creación de Mather, como las realizadas por el ya mencionado Marie-Davy, el ingeniero norteamericano Simon Lake, el óptico irlandés Sir Howard Grubb o el marino y escritor Morgan Robertson, a quien se nombra como “posible inventor del periscopio”, entre otros.

Más allá de su uso en el ámbito militar, el periscopio se emplea en buques, aviones y vehículos en general como facilitador de la observación y la navegación, para realizar investigaciones diversas, e incluso en la publicidad y los medios, cuando se quieren determinadas imágenes difíciles de obtener por otros métodos.

Sarah Mather –quien tiene a una homónima “American Idol” nacida en 1982, dedicada al canto y a la actuación– no figura en la edición en inglés de Wikipedia ni aparece entre los resultados destacados de los buscadores de internet.

La inventora desconocida ocupa un sitio entre el privilegiado núcleo de mujeres que poseen apenas el 5,5% de la titularidad de las patentes de hoy (durante la década de 1840 sólo se concedieron 14 patentes a mujeres en EE.UU.), la mayoría de las cuales se circunscriben a la indumentaria y a la cocina.

Además de Mather, otras mujeres inventoras como Tabitha Babbit (sierra circular), Josephine Cochrane (máquina lavavajilla), Elizabeth Magie (juego Monopoly), Katharine Burr Blodgett (vidrio sin reflejos), Maria Telkes (calefacción por energía solar), Marie Van Brittan Brown (cirucito cerrado de televisión), o Stephanie Kwolek (Kevlar) permanecen aún en las bambalinas de la celebridad científica, una injusticia que es menester revertir.

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