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Primaveras argentinas: ¿son lo que solían?

Desde hace algunas décadas, la percepción popular y los registros de los meteorólogos dan cuenta de que las primaveras argentinas se han vuelto cambiantes, más inestables, menos moderadas; las temperaturas ya no son tan gratas, tienden a oscilar más durante el día (aumenta la amplitud térmica) y las máximas se elevan de modo notable respecto a lo que se consideraba habitual como máxima media. Los efectos del calentamiento global –engendrados en su mayoría en el hemisferio Norte– comienzan a pesar sobre nosotros. ¿Estamos a tiempo de hacer algo?


Primaveras argentinas en la Patagonia Andina.

Las primaveras argentinas, desde La Quiaca –Jujuy– a Ushuaia –Tierra del Fuego– (o El Angosto a Puerto Almanza) y desde Bernardo de Yrigoyen –Misiones– a El Chalten –Santa Cruz– ya no son lo que eran, alteradas por el cambio climático.

Contra lo que indica el sentido común, sin embargo, la variable que más cambió en los últimos 70 años en la región central de la Argentina (Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, La Rioja, San Luis y Santa Fe) no fue la temperatura (menos del 10%), sino el acumulado de precipitaciones anuales (más del 57%).

Si bien esta tendencia ha permitido y permite la extensión de las fronteras agropecuarias, es cierto también que el exceso provoca anegamientos tanto o más perjudiciales para el suelo y el entorno humano (en ese espacio de tiempo, Santa Fe padeció esos efectos, no sólo fluviales, sino por lluvias de una intensidad y una duración infrecuentes). Por fortuna, el lapso que va entre mayo y septiembre (parte del otoño, invierno y principios de la primavera) corresponde al mínimo de precipitación a lo largo del año.

“En 2013, todavía en primavera, la Argentina tuvo la ola de calor más prolongada desde que comenzaron los registros oficiales.

Otros factores artificiales que elevan la gravedad de las inundaciones por excesos pluviales son la pérdida de capacidad de absorción de suelo (causada por el uso intensivo de químicos en la agricultura, pero también por la disminución de las superficies expuestas), los canales artificiales –verdaderos embalses– en zonas agropecuarias y la deforestación; el relleno de ecosistemas de humedales para la construcción de emprendimientos inmobiliarios en zonas inundables agrava aún el panorama, y es tarea de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) mancomunada advertir a la población y tomar cartas en el tema.

Las primaveras argentinas adelantan

Primaveras argentinas cercadas por olas de calor, incendios y sequías.

El adelantamiento de los ciclos estacionales y la aparición súbita de picos de calor inesperados en tiempos fríos o templados hacen que las primaveras argentinas no se parezcan al patrón que aún se enseña en las escuelas y en los hogares.

Los analistas pronostican para la primavera argentina 2016 la probabilidad de lluvias algo inferiores a las normales, con una distribución heterogénea en el territorio y precipitaciones localizadas por el aumento de tormentas convectivas, sólo predecibles en el corto plazo; no se esperan mayores cambios en las temperaturas medias en este perídos por una ocasional debilidad en el fenómeno conocido como La Niña.

En diciembre de 2013 –la primavera se extiende hasta el 21 de ese mes– la Argentina tuvo la ola de calor más prolongada desde que comenzaron los registros oficiales en 1906, acompañada de una ausencia notable de precipitaciones pluviales, y el sistema de alarma por calor alcanzó por primera vez la categoría de alerta roja. Santa Fe tuvo una marca inusitada para la época de 41,5°C efectivos.

“Los inviernos tienen temperaturas máximas más altas que hace 40 ó 50 años, los picos de calentamiento se adelantan, y las primaveras argentinas llegan con más prisa.

Pero pocos días antes de llegar la primavera de aquel año, la irrupción de aire muy cálido y seco en el centro y norte argentinos ya había elevado las temperaturas (que hasta contribuyeron a causar incendios forestales en Córdoba y San Luis); en Santa Fe, el termómetro rozó los 38°C el 10 de septiembre, mientras San Fernando del Valle de Catamarca se llevó el récord de 41,8°C.

Los inviernos tienen temperaturas máximas más altas que hace 40 ó 50 años, los picos de calentamiento se adelantan, y las primaveras argentinas llegan con más prisa de lo que lo hacían tiempo atrás.

El cambio climático, sea cual fuere su causa (aunque la actividad humana parece ser uno de los factores de mayor peso), ha modificado el ciclo de las estaciones, los períodos cálidos se prolongan, pero también se adelantan.

¿Qué nos corresponde hacer desde la RSE para atenuar las consecuencias no deseadas del progreso humano desde la Revolución Industrial en adelante?

Primaveras argentinas y cambio climático

La huella de carbono del Norte altera a las primaveras argentinas.

Los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos a la atmósfera de forma directa o indirecta por las actividades humanas producen un impacto ambiental que se mide en el equivalente de dióxido de carbono (CO₂), por lo que se lo llama “huella de carbono”.

El cambio climático y, un efecto paralelo, el calentamiento global, pueden afectar a los patrones meteorológicos en el largo plazo; por ejemplo, en un lapso de varios años, los inviernos pueden llegar a ser gradualmente menos fríos y más lluviosos, y los veranos más tórridos y secos, como nos parece intuitivamente que ya los son en la actualidad.

El calentamiento global es el aumento promedio de la temperatura de la superficie del Planeta, más evidente y medible en los mares y océanos. Cuando hace más calor en la Tierra, uno de los resultados es el cambio en las matrices de lluvia y en los niveles medios del mar, con grandes efectos sobre la fauna y los seres humanos.

Cuando los científicos hablan de cambio climático, por lo general, apuntan al calentamiento global causado por lo que se conoce como efecto invernadero, a semejanza de lo que ocurre en un invernáculo de jardín o de huerta, donde se deja pasar luz solar hacia el interior, pero se impide que el calor escape del ambiente.

Como resultado, se mantiene una temperatura lo suficientemente elevada como para que las plantas puedan crecer en lugares en los que normalmente hace demasiado frío, o suceden fenómenos que les impiden desarrollarse adecuadamente.

Primaveras argentinas: Puerto de Santa Fe, entorno construido y natural.

En nuestra región, una de las consecuencias más palpables del cambio climático es el corrimiento de las fronteras tropicales hacia los subtrópicos, donde el clima moderado es sustituido por fenómenos meteorológicos cambiantes, desmesurados y muchas veces violentos, acompañados de valores extremos fuera de los estándares habituales.

La Tierra está rodeada por la atmósfera, parte de la cual está compuesta por el aire que respiramos que, además de contener oxígeneo (O₂), está integrado por diferentes gases.

Algunos de esos gases –tales como el dióxido de carbono (CO₂) o el vapor de agua– se comportan igual que los paneles de vidrio o de plástico de un invernadero, y evitan que el calor se escape de vuelta al espacio exterior y el planeta se enfría; es por eso que los llamamos gases de efecto invernadero (GEI).

La luz del sol entra en la atmósfera durante el día y pasa a través de la capa de gases de efecto invernadero; a continuación, la energía contenida en la radiación solar es absorbida por el agua de los océanos, ríos y espejos de agua, la superficie continental y los seres vivos.

Esa energía vuelve a la atmósfera poco a poco, y cuanto mayor es la cantidad de gases de efecto invernadero del aire, más calor que queda atrapado en la superficie, puesto que la atmósfera no puede irradiarlo hacia afuera.

Este proceso es lo que se llama efecto invernadero y la RSE puede cumplir un papel trascendental en el control de los desequilibrios que experimenta.

Las primaveras argentinas en riesgo

Primaveras argentinas: Costanera Oeste de Santa Fe.

El anticipo de la llegada de las primaveras argentinas provoca, de manera progresiva, la floración más temprana, asociada con inviernos en los que las noches frías son reemplazadas por otras más templadas y las temperaturas máximas del día se parecen a las que se experimentan en latitudes tropicales.

Los gases de efecto invernadero que se producen de forma natural y, en las proporciones correctas, son muy beneficiosos para la Tierra: sin ellos sería demasiado fría, aún de día, como para que existiera vida; al aumentar la temperatura del planeta, contribuyen al desarrollo de la diversidad orgánica.

Cuando el efecto invernadero se vuelve demasiado intenso por actividades que se relacionan con la vida humana evolucionada, sin embargo, la temperatura en la superficie de la Tierra se eleva demasiado rápidamente y alcanza niveles más altos, lo que conduce al desequilibrio generalizado del sistema.

Estos aumentos bruscos de temperatura provocan fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, inundaciones, olas de calor, sequías y tormentas, e inclusive fríos inusuales en ciertas áreas; los niveles del mar suben en la medida en que se derriten los hielos de los casquetes polares y de los glaciares continentales, y eso afecta al globo terráqueo.

“Aunque la actividad humana no fuera una de las principales causas del calentamiento global, la atenuación o eliminación de las emisiones de GEI es un trabajo que la RSE no puede eludir.

Las temperaturas, en cualquier momento dado del año, pueden ser muy diferentes en la superficie continental y en el mar; un ligero cambio en la fuerza y dirección de los vientos puede mover mucho calor desde los océanos hacia la tierra firme, lo que puede modificar la duración y las fechas de inicio de las estaciones.

Los científicos advierten que incluso pequeños cambios en la temperatura pueden perjudicar seriamente a la vida de las personas, los animales y las plantas; los inicios y finales de las temporadas cambian, y esto termina por causar variaciones notables a la vida sobre la Tierra. El vapor de agua, vale decirlo, es uno de los gases de efecto invernadero más influyentes junto con el CO₂.

Desde el inicio de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo 18, el ser humano y sus inventos han emitido más CO₂ y vapor de agua a la atmósfera que el acumulado desde que los primeros homínidos aparecieron sobre el Planteta. Aunque –pese a lo que todo parece indicar– no fuera ésa una de las causas del calentamiento global, la atenuación o eliminación de esas emisiones es un trabajo que la RSE no puede eludir.

Aves de mal agüero

Primaveras argentinas: las aves en peligro.

Hay tantas especies de aves migratorias como aquellas que no se desplazan; unas y otras ven afectados sus ciclos vitales por los cambios en la disponibilidad de alimentos ocasionados por las variaciones climáticas.

Una de las formas de estudiar los cambios climáticos en curso es a través de la observación de las fechas de llegada y partida de aves migratorias, como halcones peregrinos, golondrinas, tijeretas, fiofíos, patos, capuchinos, gaviotas, cisnes, barcinos, biguás, garzas, cuervillos, chorlitos, caracoleros, cigüeñas, bandurrias, chajaes, calandrias, chalchaleros, horneritos, naranjeros, dormilones, monjitas, verdones, viuditas, tordos o aguiluchos, especies típicas del territorio argentino.

Casi la mitad de todas las especies de aves conocidas realiza desplazamientos entre los lugares en que hacen sus nidos y se reproducen, y aquellos adonde pasan el invierno, lo que ocasiona un movimiento estimado en 50 mil millones de individuos cada año. La invernada no se relaciona tanto con la temperatura como con la disponibilidad de alimentos vegetales y animales en el entorno.

“Casi la mitad de todas las especies de aves conocidas realiza desplazamientos entre los lugares en que hacen sus nidos y se reproducen, y aquellos adonde pasan el invierno.

Las aves migratorias cumplen funciones básicas en los sistemas naturales, al proporcionar lo que los estudiosos denominan servicios ecosistémicos, entre los que se cuentan la polinización de las flores, la dispersión de semillas y el control de insectos y otras plagas, también relacionadas con la transmisión de enfermedades.

Debido al cambio climático, las aves regresan más tempranamente a los sitios de invernada (donde el clima debe ser más templado) y ponen los huevos antes de tiempo: esto implica que algunas especies tienen problemas para conseguir alimento para sí y para las crías por venir –por ejemplo, insectos o frutas– porque en esos destinos aún no están disponibles.

Además, encuentran con frecuencia que sus hábitats corrientes ya no son adecuados porque se han vuelto demasiado húmedos, o demasiado secos o demasiado calientes, y así se ven obligados a moverse hacia nuevas áreas, lo que prolonga la etapa de migración hasta que pueden asentarse.

La RSE sobre las primaveras argentinas

Primaveras argentinas: los bosques son los pulmones de la Tierra.

El uso racional y razonable de la energía para iluminar y climatizar ambientes, la eliminación o reducción drástica en el empleo de papel, el reciclaje y el recorte de los consumos ociosos son algunas de las contribuciones de la RSE para ayudar a salvar al Planeta.

¿Qué se puede hacer desde la RSE para reducir el nivel de gases de efecto invernadero en la atmósfera –como los Cloroflurorocarbonados (CFC), el CO₂ y el vapor de agua, entre otros– y así ayudar a frenar los aspectos negativos del cambio climático sobre las primaveras argentinas?

En primer lugar, mirarse a sí misma.

El inventario de GEI o huella de carbono vinculados con una organización contabiliza las emisiones ambientales clasificadas en 3 tipos principales:

  • Alcance 1: son las emisiones directas por el uso de combustibles fósiles y gases refrigerantes, así como por la producción de reacciones químicas inherentes a la organización.
  • Alcance 2: son las emisiones indirectas necesarias para abastecer el consumo energético de la organización, y se relacionan tanto con la calidad de la producción de energía como con el volumen de consumo propio.
  • Alcance 3: son las emisiones provocadas por la elaboración de productos y servicios ligados a la actividad de la organización.

Los alcances de las emisiones varían según cada organización y dependen en gran medida de la naturaleza de sus actividades; a veces, las empresas son emisoras directas importantes, pero en una gran proporción, las emisiones indirectas de alcance 2 (relacionadas con el consumo de energía) y las de alcance 3 (dependiente de los insumos tangibles e intangibles) son tanto o más nocivas en términos absolutos para la Tierra.

Cómo actuar positivamente
Sin que sea determinante, vale la pena asumir la Responsabilidad Social Empresaria de tratar de:

  • Ahorrar energía en el hogar, en la escuela y en el trabajo (apagar la luz cuando se sale de una habitación, no dejar dispositivos electrónicos en modo de espera, etc.); gran parte de esta energía eléctrica que consumimos es producida por la quema de combustibles fósiles que producen gases de efecto invernadero.
  • Utilizar el transporte público y las bicicletas, en lugar de los automóviles y camionetas, dado que los combustibles que usan producen una gran cantidad de gases de efecto invernadero cuando se quema en los motores.
  • Fomentar la siembra y cuidado de árboles que absorban dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera y mejoran la proporción de oxígeno (O₂) en el aire.
  • Separar los residuos orgánicos e inorgánicos y reciclar los desperdicios, lo que reduce la cantidad de energía que se necesita para elaborar nuevos productos.
  • Comprar productos que ahorren energía, o para los que se haya ahorrado energía en la manufactura.
  • Utilizar la menor cantidad de papel que sea posible, y reemplazarlo por sustitutos no contaminantes.
  • Informar a la sociedad sobre el cambio climático y mostearle cómo puede ayudar a prevenir los efectos del aumento de la temperatura global.
Aunque un poco avanzado el cambio climático en cierne, aún no es tarde para tratar de advertir, actuar y minimizar el daño que le provocamos al Planeta y a los seres que lo habitan –nosotros incluidos– con el descontrol de nuestras acciones.

Tomar conciencia y actuar en consecuencia parecen los únicos caminos viables para estabilizar y minimizar el impacto ambiental.

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