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La economía del pánico (II)

Dentro de lo imprevisible de la evolución de las conductas individuales y grupales (¿tribales?) en épocas de crisis, la economía del pánico reitera –con matices perdurables– viejos vicios de la humanidad propios de nuestra naturaleza, de algún modo invariables, predecibles, imaginables. El COVID-19 dio, da, y dará material de estudio para comprender mejor cómo y qué somos, de qué formas hacemos lo que hacemos aunque no sepamos por qué.

La economía del pánico: Lunes Negro II.
El lunes 16 de marzo de 2020 el índice Dow Jones finalizó casi 3.000 más abajo que la última jornada hábil, pese a los esfuerzos gubernamentales por recuperar a la economía.

A río revuelto

Dólares y réplicas de la economía del pánico.
Las réplicas del Lunes Negro del 9 se hicieron el terremoto del Jueves Negro del 12 de marzo de 2020 al que sobrevino un Viernes 13 plácido, aunque tenso con la mirada en el lunes 16.

Nada provoca tanto temor en los inversionistas como la incertidumbre, ese arresto incontenible que desde la prehistoria nos ha llevado a urdir los más variados antídotos.

La perplejidad frente a las vacilaciones de lo que llamamos el futuro (aun el más inmediato) ha sido el motor de la mayor parte de las acciones y producciones humanas.

“El miedo a la incertidumbre es una reacción evolutiva de adaptación que nos provee una utilidad ancestral.

El miedo a la incertidumbre es una reacción evolutiva de adaptación que nos provee una utilidad ancestral.

Como cualquier especie animal dotada de memoria sensorial, dependemos de nuestra mayor o menor capacidad de prever.

Que al domingo le suceda el lunes, amén de fastidiarnos, nos tranquiliza mucho más que saber que siempre que llovió, paró: nos da una noción exacta de cuándo va a suceder y cómo.

Un domingo lluvioso a las 3 de la tarde, nuestra única certeza es que faltan 9 horas para que llegue el lunes, pero nada nos dice acerca de las precipitaciones por venir.

Oráculos, augures, adivinos, horóscopos, profecías, vaticinios, corazonadas, astrólogos, pronosticadores, clarividentes, quiromancia, hechicería, brujería, por un lado; estadísticas, proyecciones, encuestas, calendarios, por el otro, nos son hábitos tradicionales, cotidianos.

En cualquier ámbito de la vida nos valemos de conjeturas y suposiciones, mitad ciencia, mitad magia.

Al conocimiento intelectual no le alcanza con explicar por medio de la razón: tiene que predecir, si no, no se queda en paz.

Y el problema de predecir –desde antes de Pascal y el probabilismo hasta después de Schrödinger y la mecánica cuántica– es que con la razón sola no basta.

Lunes Negro II

Sede central de Nasdaq en New York (201).
El Lunes Negro del 16 de marzo de 2020 el índice de las compañías tecnológicas perdió un 12,32% respecto al final de las operaciones del viernes 13, cuando se recuperaba del Jueves Negro.

Este lunes 16 de marzo de 2020, empezó negro para las bolsas de Asia y el Pacífico (cuando aún era domingo en Occidente) y se extendió a Europa como otro virus.

Las medidas drásticas (e históricas) tomadas por la Reserva Federal de EE. UU. para estimular a la economía causaron el efecto inverso al buscado.

“El segundo Lunes Negro de marzo de 2020 eclipsó al récord de caída en un día del Jueves Negro, con el Dow Jones 3.000 puntos por debajo.

Apenas transcurridos los primeros minutos desde la apertura de mercados en Wall Street, se produjo un cierre automático de las operaciones.

El gatillo dispara el cierre cuando el índice S&P 500 baja el 7% y obliga a una pausa de 15 minutos de nivel 1.

La caída –récord en un día– dejó a los mercados con dividendos un 30% por debajo del optimismo alcanzado el jueves 20 de febrero, menos de 4 semanas antes.

El segundo Lunes Negro (el primero había sido el 9 de marzo de 2020) eclipsó al récord de caída en un día del Jueves Negro del 12 de marzo de 2020, con el Dow Jones 3.000 puntos por debajo.

Peor todavía, se ubicó en el segundo puesto en términos de pérdidas porcentuales y en el primero en pérdida de puntos.

Los principales indicadores se desplomaron en promedio un 12%:

  • El índice industrial promedio Dow Jones: -12,93%
  • El índice compuesto de compañías tecnológicas NASDAQ: -12,32%
  • La Bolsa de Valores de New York: -11,84%
  • El índice referencial S&P 500: -11,98%

El miedo no es sonso

Muertos vivos en la economía del pánico.
La serie “The Walking Dead” de Robert Kirkman estrenada en octubre de 2010 en la cadena de TV estadounidense AMC retrata por anticipado muchos de los comportamientos que hoy evidenciamos ante la pandemia en curso.

Los mercados financieros se desplomaron debido a que los inversionistas vislumbraron que en lo inmediato (y por un tiempo difícil de calcular) nos enfrentamos un fuerte descenso en las economías más grandes del mundo.

El recorte de emergencia de la tasa de interés (casi a 0) impulsado por la FED el domingo por la noche, y el anuncio de la compra cientos de miles de millones de dólares en deuda del gobierno, dispararon las imágenes de 2008.

El lunes temprano se conoció en Oriente que la actividad fabril en China –la segunda economía más grande que algunos dicen es la primera– cayó en febrero un 13,5% interanual, mientras la inversión disminuyó en un 25%.

La propagación de la epidemia (pandemia desde principios de marzo) implica la reducción sustancial de los ingresos de las industrias de todo el mundo.

Si se suma la disminución acelerada del consumo, consecuencia directa de todo lo anterior, la recesión mundial deja de ser un riesgo para hacerse realidad.

La incansable picardía de los vivos

Los oportunistas de la economía del pánico.
Como medida preventiva para conservar su reputación, los sitios de comercio electrónico minorista deben hacer una labor titánica para dar de baja a millones de productos, subidos por los vendedores con la etiqueta Coronavirus y la falsa promesa de protección de la salud.

Cada vez que la historia humana –sin mayúscula o con ella– transita un momento crítico, los especuladores ingeniosos que saben encontrar oportunidades de negocios donde los demás ven nada más que espanto e incertidumbre se reproducen a una velocidad epidémica.

“Los productos inspirados en el coronavirus son un recordatorio de que siempre hay quienes se benefician durante las crisis globales.

Los más obvios de esta emergencia son quienes atesoran las existencias de barbijos y alcohol en gel (ineficaces los primeros, reemplazable y prescindible el segundo) basados en los prejuicios ordinarios del público.

Debemos tener en cuenta que la superabundancia de personas ansiosas por protegerse busca alternativas, sean útiles o no. 

También hay quienes comercializan productos menos conocidos, como purificadores de aire a prueba de virus, robots de distintos tipos, e incluso cascos de protección contra las salpicaduras de saliva, y que encuentran de golpe un nicho más que apetecible.

Mientras los osados fomentan sin rubor con bombos y platillos la garantía de inmunidad al COVID-19, otros se recuestan sobre las propias conductas de los consumidores que, por impericia o por ignorancia, caen solos en la trampa como moscas.

Muchas soluciones desacostumbradas pueden, de todas maneras, ser útiles para los trabajadores de la salud y otros actores que están en la primera línea de combate del brote, pero no entrañan ninguna protección para las personas sanas promedio.

Los productos inspirados en el coronavirus son un recordatorio de que siempre hay quienes se benefician durante las crisis globales.

Dr. Robot

Robots en la economía del pánico.
Los robots que sirven para reemplazar a los humanos en muchas tareas peligrosas o irrealizables para una persona a veces son desmerecidos por fantoches engendrados por aventureros de la oportunidad.

Promobot es una empresa de Filadelfia que fabrica una línea de robots capaces de interrogar a los individuos para determinar si poseen los síntomas de infección con el nuevo coronavirus y darles consejos para manejar su situación personal.

La firma puso a uno de sus robots en la famosa Times Square, pero también en el Parque Bryant de New York, sin solicitar autorización alguna.

“Puede operar en sitios colmados de gente y proporcionar pruebas rápidas que informan sobre el estado de salud en una forma simple, no invasiva y entretenida.

Promobot.

Tal vez entusiasmado con la repentina celebridad y la aglomeración de público, el autómata empezó a distribuir barbijos entre la gente, contra la indicación de las autoridades sanitarias de no usarlos en personas sanas.

Después de unas horas, el robot fue expulsado de Bryant Park por falta de permisos, y ahora atiende en una oficina en la que, según Promobot, acuden a la consulta unas 30 personas por día, sin especificar de qué modo acceden al falso médico.

Siempre en palabras de Promobot, ciertos lugares concurridos como museos y aeropuertos demuestran su interés en el androide.

El Asesor Médico Robótico de Promobot puede, asegura la empresa, medir la capacidad pulmonar, los niveles de azúcar en la sangre y los niveles de saturación de oxígeno, así como otros parámetros de salud.

El artificio “puede operar en sitios colmados de gente y proporcionar pruebas rápidas que informan sobre el estado de salud en una forma simple, no invasiva y entretenida”, afirman en su sitio en Internet.

La paradoja mayor –no dicen– reside en que la interacción con el robot demanda el uso de una tableta: si muchas personas hablan por encima (salpican con saliva) y tocan con sus manos esa misma superficie, el riesgo de contagio de cualquier enfermedad infecciosa se incrementa de manera exponencial.

¿Aire puro o puro humo?

Aire puro en la economía del pánico.
Todos los estudios indican que el coronavirus se transmite por contacto con gotículas respiratorias, mas no por la circulación de corrientes de aire –sino todo lo contrario– pero los purificadores portátiles cunden como el pánico entre las ventas en línea.

Cuando la epidemia del SARS de 2002 y 2003, muchos fabricantes y vendedores de purificadores de aire vieron el filón: promovieron sus sistemas para neutralizar la propagación del virus.

Al poco tiempo, la Comisión Federal de Comercio y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos detuvo el frenesí.

“Aún cuando esas tecnologías funcionaran, es infinitamente más barato, simple y eficaz lavarse las manos con frecuencia, no llevárselas a la cara, y evitar los espacios colmados.

La FDA advirtió, por ejemplo, sobre sitios web que vendían purificadores de aire personales o portátiles, ineficaces por completo para ese cometido, y terminó con la farsa.

Ahora, la historia parece repetirse con el nuevo coronavirus.

Airpura, por ejemplo, anuncia a través de todos los medios que fabrica dispositivos portables capaces de eliminar el coronavirus de su flujo de aire, los caballitos de batalla P600 y UV600.

“Estos purificadores destruyen el ADN de los microorganismos, incluidos los virus que causan la gripe, y el moho, así como el moho negro, neutralizándolos de manera efectiva”, aclaran, ya sin mencionar al COVID-19.

El sitio de comercio electrónico sobre tratamiento de aire Sylvane también promueve sin tapujos en los encabezados de su blog la idea de que el uso generalizado de purificadores es útil en la pandemia.

El usuario desprevenido que no lee los contenidos pasará por alto el hecho de que en ninguno de los textos de los artículos se menciona nada de lo que se pregona en los titulares.

El purificador de aire portátil Molekule Air se ofrece libremente por TV y por Internet, con un valor de mercado de U$S 800 la unidad.

El aparato de Molekule ya ha sido denunciado en el pasado por expertos y estudiosos en la materia por ser un producto engañoso e ineficiente para usos mucho más simples.

Como los barbijos, los purificadores de aire pueden ser valiosos en los lugares de atención médica, cribado y cuidados intensivos.

Su utilidad en la lucha contra el coronavirus es probablemente muy baja o nula en el resto de los usos

Aún cuando esas tecnologías funcionaran, es infinitamente más barato, simple y eficaz lavarse las manos con frecuencia, no llevárselas a la cara, y evitar los espacios colmados.

Matar virus con un purificador portátil, dicen los infectólogos, parece ser algo así como el equivalente a perseguirlos con una escopeta.

Al calor del coronavirus

Termografía al calor del coronavirus.
La eficacia de los sistemas de termografía humana son eficaces cuando los grupos a examinar son pequeños y los individuos permanecen relativamente quietos.

La tecnología de exploración térmica –iR (infra rojos)– de imágenes es, desde hace más de 50 años, una de las áreas de mayor avance en distintas aplicaciones.

La detección de objetivos militares y policiales, al diagnóstico médico o a la evaluación de elementos mecánicos, por nombrar a las más difundidas, se sirven de las imágenes de rayos infra rojos.

“La utilidad real es modesta en las grandes aglomeraciones de personas, y existen métodos más sencillos, eficaces y económicos para la detección de infectados.

El progreso reciente en termografía mediante el procesamiento informático y la asistencia de la Inteligencia Artificial (IA) han potenciado su utilidad.

Al comienzo de la epidemia de COVID-19, China hizo un uso profuso de cámaras de reconocimiento facial para la identificación de personas con temperaturas anormales.

Al poco tiempo prefirió renunciar a la técnica de iR-scan por inoperante para el trabajo masivo.

La exploración remota de individuos para calcular su temperatura sin necesidad de contacto y detectar casos de fiebre alta o leve parece muy atractiva para la pandemia.

La utilidad real es sin embargo modesta en las grandes aglomeraciones de personas, y existen métodos más sencillos, eficaces y económicos para la detección de infectados.

Eso no quita que los fabricantes de gafas de Realidad Aumentada (AR) y cámaras dotadas de IA con capacidades termográficas hagan pingües negocios en los aeropuertos, terminales de trenes y otros espacios de circulación nutrida.

Las aerolíneas y las empresas de automóviles de alquiler –ansiosas por conocer el estado de salud de los pasajeros y tripulantes– pueden sí aprovechar estos dispositivos, pero también las empresas y los gobiernos, siempre y sólo para detecciones confinadas.

Low tech, low cost

Sombreros anti escupitajos en la economía del pánico.
Unisex, protector contra el coronavirus, anti escupidas y polvo, en varios colores: así es el “Sombrero Tendencia 2020” que se publicaba en los sitios de e-commerce.

Basta con hacer una búsqueda rápida en Amazon, Craigslist, e-Bay o Esty para descubrir una risible cantidad de nuevos productos anti-coronavirus de índole muy elemental.

Alejados de la sofisticación y la alta tecnología, los adminículos dotados de “pantallas” protectoras para el bloqueo de la proyección de saliva y mucosidades, arrasan.

“Lavarse las manos’, ‘no toser sobre mí’, ‘yo no tengo coronavirus’, algunas de las infinitas inscripciones en pulseras, pines, brazaletes, tazas, vasos y una larga lista de etcéteras.

Los sombreros protectores de escupitajos faciales son Tendencia 2020 en la Red.

Similares a los usados por los apicultores para evitar las picaduras, existen sombreros de béisbol, sombreros para sol, gorras, boinas e incluso viseras con pantallas preservativas.

El coronavirus, que puede propagarse a través de las gotas de las expectoraciones, quedará estampado –la ñata contra el vidrio– sin llegar a sus víctimas, parece.

En una línea “solidaria”, varios fabricantes comercializan camisetas con instrucciones y recordatorios relacionados con la lucha contra el virus.

“Lavarse las manos”, “no toser sobre mí”, “yo no tengo coronavirus”, son algunas de las infinitas inscripciones que pueden verse también en pulseras, pines, brazaletes, tazas, vasos y una larga lista de etcéteras.

Las empresas de comercio electrónico minorista ya han eliminado millones de productos “contra” el coronavirus.

Siempre listos, los vendedores quitan la palabra coronavirus o la esconden, y las ofertas vuelven a funcionar.

La economía del pánico a lo que se viene

La economía del pánico y el Dow Jones.
Con espasmos, el Índice de las Industriales creció de un modo apreciable, hasta alcanzar un pico histórico a principios de febrero de 2020 (29.568 puntos, el pequeño círculo con la curva en verde) para volver a cero sobre fin de mes, rebotar y desplomarse en caída libre a lo largo de la primera quincena de marzo (20.116 puntos, el círculo blanco con la curva roja, abajo a la derecha).

“Nadie puede prever qué es lo que va a ocurrir con esta pandemia en los próximos días, en las próximas horas.

Los esfuerzos por contener al coronavirus afectan de lleno el gasto de los consumidores, que es el mayor impulsor del crecimiento de cualquier economía.

Los movimientos drásticos de las últimas horas del domingo y las primeras del lunes estaban diseñados para garantizar que el crédito fluyera y estimulara a las empresas y a las personas a pedir préstamos blandos y hacer más gastos para movilizar a la economía.

Peor que vanas, las medidas fiscales se tornaron un lastre fatal para la economía percibida.

El diseño parecía bueno, el proyecto era alentador, su aplicación, no.

Juicio y percepción

La imagen final fue la de que el mundo llegó a un lugar demasiado peligroso.

Toda una señal para deshacerse de los activos de riesgo (como las acciones) y buscar refugio en los bonos.

¿Cómo se sostendrán los bonos en la recesión? Mañana se verá.

Nadie puede prever qué es lo que va a ocurrir con esta pandemia en los próximos días, en las próximas horas.

Las predicciones más conservardoras –no por eso más cercanas al curso de los hechos– provocan desesperación y acciones tormentosas.

Orden y Progreso, reza la bandera de Brasil, y aunque el país tropical no está en condiciones de enseñarnos demasiado, el lema es notablemente claro.

La autoorganización es lo único capaz de perdurar a la tendencia del universo hacia el caos, y lo que diferencia a los organismos de la materia inerte.

La autoorganización es imperativa para los seres vivientes.

Hay todo un Planeta al que salvar de nosotros mismos.

La economía del pánico II.
La tercera semana de marzo de 2020 fue sacudida una vez más por la economía del pánico provocado por la pandemia de COVID-19.
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