Veronese

Juan de Garay fundador de Santa Fe

Por encargo del gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay, Martín Suárez de Toledo, y para facilitar las comunicaciones con la Metrópoli, el hidalgo don Juan de Garay emprendió en el puerto de Asunción una expedición por el Paraná que culminó con la fundación de de Santa Fe de la Vera Cruz, la primera ciudad-puerto del Río de la Plata (luego Argentina), el 15 de noviembre de 1573, en el paraje hoy nombrado Cayastá.


Orduña

Pedro Ortiz de Zárate y Mendieta, o sólo Pedro de Zárate, vecino prominente del pueblo de Villalba de Losa, cerca de Orduña, y alcalde de Segovia es nombrado oidor de la Real Audiencia de Lima y destinado al Gran Virreinato del Perú, hacia donde parte acompañado de familiares y colaboradores.

Entre trastos y parientes viaja un adolescente de unos 15 años llamado Juan, hijo de la unión ilegítima –según Alejandro Moyano Aliaga, «una llana violación»– de la hermana de Zárate, Catalina Lucía de Mendieta y Zárate, con el noble Diego López de Ochandiano y Hunciano a fines de la década de 1520.

No queda registro civil ni eclesiástico del nacimiento de Juan, acaso por pudor, tal vez por el gran incendio que arrasa a Orduña en 1535; cuando por fin Lucía contrae matrimonio con don Martín de Garay, éste reconoce al niño como propio y le da su apellido, mas no la crianza, que queda a cargo de su tío Pedro de Zárate.

Sanlúcar

El puerto andaluz de Sanlúcar de Barrameda –desde donde Cristóbal Colón, primero, y Fernando de Magallanes, luego, iniciaran dos de sus célebres expediciones– ve zarpar hacia América a los varios miembros de la comitiva de cuatro oidores y a Blasco Núñez Vela –luego primer virrey del Perú– un miércoles 3 de noviembre de 1543.

Luego de la escala obligada en las islas Canarias, atraviesan el Mar Océano, se adentran en el Caribe, y el lunes 10 de enero de 1544 arriban al puerto panameño de Nombre de Dios.

Una carretera de piedra de unos 80 kilómetros los separa de la ciudad de Panamá hacia donde se encaminan; al cabo de un periplo tortuoso por el Mar Pacífico, el domingo 10 de septiembre de 1544 entran por fin a la ciudad de Lima.

Lima

Los tiempos en la Capital del virreinato son turbulentos: Núñez Vela pronto se enfrenta con el caudillo Gonzalo Pizarro Alonso, hermano paterno aunque ilegítimo del conquistador Francisco, quien acaba por ocupar Lima en su búsqueda sin frutos del País de la Canela.

Blas de Soto, a su vez hermano de vientre de Pizarro, desposa a la joven hija del oidor, Ana de Salazar, contra la voluntad de éste.

Una noche de marzo de 1547, un muy desmejorado Pedro de Zárate recibe la visita de su yerno, quien le suministra inciertos polvos medicinales; una semana más tarde, muere sin remedio.

Con apenas 19 años, Juan se debate entre la lealtad a su tío difunto y las amenazas de los partidarios de Pizarro.

El vascongado Martín de Robles lo convence de empuñar las armas en favor del virrey, y se lo lleva al cabo con él a la batalla interminable.

Asunción

Transcurren 20 años de campañas, juicios, cárceles, fugas, expediciones y conquistas por territorios inhóspitos.

Juan concibe un hijo con una manceba aborigen hija de un cacique avá guaraní en 1555; tres años después se casa en Asunción del Paraguay con Isabel de Becerra y Mendoza, luego de que ella le expresara el deseo de criar al niño (conocido para siempre como Juan de Garay «el Mozo») «a la usanza castellana».

Tienen luego seis hijos más, «legítimos documentados», de los cuales María de Garay es la primera en nacer en 1559, y a quien le siguen los de Santa Cruz de la Sierra, Jerónima (nacida en 1563) –casada en 1582 con Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias– y Juan «el legítimo» (nacido en 1565), Tomás, ana y Cristóbal (nacidos en Asunción en 1569, 1571 y 1572).

En 1567 el tío materno de Juan de Garay, el capitán Juan Ortiz de Zárate, es nombrado adelantado interino por el virrey del Perú.

Cuatro meses después, Juan y su familia llegan a Asunción, ya nombrado por Felipe de Cáceres como capitán y alguacil mayor de las provincias del Plata para que «traiga a gentes a la provincia de Paraguay».

El mar

El 3 de abril de 1573, el gobernador interino del Río de la Plata y del Paraguay, Martín Suárez de Toledo, le encomienda una expedición por el río Paraná para facilitar a la ciudad de Asunción una salida al mar.

Los «mancebos de la tierra» parten en un bergantín, algunas embarcaciones menores, y a caballo, con 75 nativos guaraníes y 9 españoles; se dividen en 2 grupos que bajan, uno por el Paraná –con Juan de Garay al mando– y otro por la margen izquierda del río –a cargo de Francisco de Sierra– para fundar una ciudad-puerto.

El poder signado por Suárez de Toledo le permite a Garay llevar «muchas armas y municiones e mucho número de caballos, bastimentos, ganados, plantas, semillas, gente de servicio, fragua e todos los demás pertrechos necesarios».

Ambas expediciones se encuentran en un lugar llamado «La Punta del Yeso», justo frente a lo que hoy es Cayastá; Juan elige a la orilla suroeste del río San Javier, entonces «de los Quiloazas», para erigir un pequeño asentamiento hasta encontrar un lugar mejor.

Con la idea obsesiva de encontrar a la fabulosa «Ciudad de los Césares» para conseguirse una fortuna cuantiosa y compartirla con la Corona española, el Gobernador del Tucumán Jerónimo Luis de Cabrera –fundador de Ica, en Perú, y de Córdoba de la Nueva Andalucía, en Argentina– recorre al río Tercero en procura de una salida al mar.

Recorre al Carcarañá, alcanza al Paraná y de improviso se topa con Juan de Garay, quien está en las exploraciones de búsqueda del sitio encomendado por Suárez de Toledo.

Al júbilo del encuentro (Cabrera disipa a una pica de timbúes listos para atacar a Garay) le sigue una discusión amarga por los derechos respectivos; en medio de la polémica, Cabrera es urgido a volver a Córdoba, donde lo decapitan por desobedecer a Suárez de Toledo, y Garay regresa apresurado al asentamiento precario para darle categoría de Ciudad.

Santa Fe

«Abrir puertas a la tierra», la máxima enarbolada por Garay en nombre de la Corona, señala la necesidad de fundar urbes que rompan con el aislamiento de Asunción del Paraguay y le abran camino al mar y a la Metrópoli.

«Yo Juan de Garay, Capitán de Justicia mayor en esta conquista y población del Paraná y río de la Plata… Digo que… fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de Calchines y Mocoretás, por parecerme que en ella hay cosas que convienen para la perpetuación de dicha ciudad: agua, leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles como su Majestad lo manda y asiéntola y puéblola con aditamento que a todas las veces que pareciere o se hallare otro asiento más conveniente y provechoso para la perpetuidad, lo pueda hacer de acuerdo y parecer del Cabildo y Justicia que en esta ciudad hubiere» hace constar en el acta oficial de fundación, signada el 15 de noviembre de 1573.

En adelante hay otras muchas expediciones: la fundación de la Ciudad Zaratina, la batalla contra los charrúas por la isla San Gabriel, el éxodo eterno de Ciudad Zaratina, las campañas en ayuda de Gonzalo de Abreu y Figueroa, la lucha contra los calchaquíes, otra vez Lima, la huida a Santa Fe, las campañas del Gran Pantanal en el alto río Paraguay, la carabela Cristóbal Colón, la segunda fundación de Buenos Aires el domingo de la Santísima Trinidad de 1580, la búsqueda de la mítica «Ciudad de los Césares» en la actual Mar del Plata, la vuelta sempiterna a Santa Fe.

El final

Diez años después de fundar Santa Fe, mientras trata de socorrer al recién nombrado gobernador Alonso Sotomayor a dirigirse a Chile para tomar su puesto, desde las inmediaciones de la refundada Buenos Aires rumbo a Santa Fe, el convoy de navíos con Garay al mando pierde la orientación y se adentra en una laguna desconocida, acaso San Pedro.

En la tarde del domingo 20 de marzo de 1583, cerca de las ruinas del fuerte levantado por el navegante veneciano Sebastián Gaboto en 1527 llamado Sancti Spiritus, con escaso sol por delante, don Juan resuelve descender de los botes, armar campamento y pasar la noche en tierra.

La luz moribunda de la madrugada del lunes revela el infierno: 130 belicosos indios minuanes del cacique Mañuá –charrúas de la etnia guaraní-chaná, afirma Martín del Barco Centenera– enemigos despiadados de los blancos, diestros en el uso de dardos, arcos, flechas, lanzas y boleadoras, matan a golpes de macana, por sopresa y durante el sueño, a Juan de Garay, a una mujer, a un cura franciscano y a 12 de los soldados de la custodia.

 

La noche de las porras
«El general Juan de Garay en un bergantín sesuviaá la ciudad de Santa Fe y quarenta leguas de aquy (Buenos Aires) quiso entrar con el navio por una laguna parecióndole que atajaba camino, y voxando toda la laguna alrrededor no alió salida, volvió por donde abía entrado y era ya puesta de ssol acordó de rranchear á la boca á donde los estavan mirando como hasta quarenta yndios que abitaban por ally y como los vieron entrar por aquella laguna entendieron ser chapetones venidos despaña, y como los vieron parar ally y todos en tierra durmiendo y muy descuydados y desnudos porque le abian dicho al general soldados que yban hally de los de chile que hiciese zentinela, respondió estos yndios tengolos yo muy sujetos y me temen, pueden estar tan seguros aqui como en Madrid, á donde, al primer sueño dan en ellos y matan al primero al general sin poder decir dios válgame, con una macana, de que murieron ally quarenta personas y un frayle francisco y los tuvieron ganado el bergantín»
—Carta del tesorero Hernando de Montalvo dirigida al Rey con fecha 23 de agosto de 1587.
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