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Día del Niño no apto para ansiosos

Quiere el copioso calendario electoral argentino que este agosto el Día del Niño se postergue desde el segundo domingo hasta el tercero. ¿Por qué? Porque se fijó al domingo 9 como el día en que se llevarán a cabo las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias con vistas a las generales del 25 de octubre. ¿Cómo se las arreglarán los padres, los comercios y la publicidad para calmar la impaciencia de los párvulos hasta entonces?


Día del Niño: globos y alegría.

El tercer domingo de agosto se celebra en la Argentina el Día del Niño, una pequeña pausa luego de la vuelta a clases al cabo de las vacaciones de invierno.

Terminan las vacaciones de invierno y, casi sin dar respiro, se viene el Día del Niño como si fuese un premio extra –un bonus track– para la agitada vida de los más chicos. Ellos, de parabienes.

La publicidad, bueno es reconocerlo, recibe un poco más de dinámica y aguza su ingenio para alcanzar sus objetivos en un mercado tornadizo.

Años atrás, el Día del Niño se festejaba en la Argentina el primer domingo de agosto, celebración que data de 1960 y tiene su antecedente en la recomendación de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1954, que sugiere el establecimiento de un Día del Niño en todos los países (el Día Universal es el 20 de noviembre, por la Declaración de los Derechos del Niño de 1959) para motivar “a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero”.

En nuestro país, la instauración del Día del Niño fue en rigor de verdad una idea de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, que vio la oportunidad de equilibrar en algo las diferencias que se producen en las ventas pasadas las fiestas del final de un año y del principio del que le sigue. Durante las primeras 3 décadas de instituido, el Día del Niño fue celebrado el domingo del primer fin de semana de agosto. En el inicio del mes y con sus sueldos embolsados, los padres esaban más desahogados.

El tiempo, los cambios en las costumbres, la presión del comercio y la agenda “financiera” de los consumidores, corrieron la fecha al segundo fin de semana hace cerca de 2017 años, con el propósito de potenciar las ventas (en particular mediante el incentivo al comercio interno de juguetes nacionales).

Es que, después de los gastos provocados por las vacaciones de julio (que a su vez se corrieron hacia adelante) los bolsillos y las billeteras de los papás –más todavía cuando manejan tarjetas de crédito– tienen mayor holgura sobre el final de la quincena.

Luego de 2009 (con la institución de las primarias mediante la Ley Electoral N° 26.571) y cada 2 años a contar desde 2011, el advenimiento de las elecciones (PASO) el segundo domingo de agosto ha obligado a trasladar al Día del Niño al tercer fin de semana, en un intento de no frustrar los acontecimientos que se programan para la ocasión, y que comprenden encuentros, festivales, obras de teatro, recitales y reuniones familiares, por dar algunos ejemplos.

Podría pensarse que una fecha tan alejada de la cobranza tendría un impacto negativo sobre las ventas, pero no; según la Cámara del Juguete, confluyen 2 factores beneficiosos:

  • por un lado, el público no espera hasta último momento para hacerse de los regalos;
  • por otro, ahora las personas recorren, cotejan precios y eligen con prudencia.

Al contar con más tiempo, todos salen beneficiados, aunque los más bajitos deban esperar siete días más para tener en sus manos esos objetos tan ansiados: los juguetes.

Jugar es un derecho consagrado por la ONU. La Declaración de los Derechos del Niño lo refirma: “El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.

Qué regalar para el Día del Niño

Juguetes para el Día del Niño (fragmento de Toy Story).

El Día del Niño es, más que nada, un acontecimiento comercial orientado a fortalecer la venta de juguetes. Está en los adultos aprovechar la oportunidad para mejorar la calidad de vida y ayudar a aprender a los más chicos.

A la hora de elegir un regalo hay tantos criterios como personas, y en ello cuentan tanto los agasajados, como quienes obsequian. En el caso de los pequeños, las estrellas para el Día del Niño son –todavía– los juguetes, grandes sobrevivientes de los embates de la tecnología electrónica en todas sus formas, aunque muchos de ellos la incorporen de lleno.

Lo primero que deberíamos considerar es que los chicos tienen un universo muy particular y en consecuencia, lo mejor es tratar de pensar como piensa un niño. Pese a que pueda parecer ingenuo, está probado que la imaginación se abre mucho más cuando pensamos de manera infantil, que cuando lo hacemos como adultos.

Lo segundo es observar cuáles son aquellas cosas que más llaman la atención a cada uno, qué actividades le gustan más, cómo interactúan con su entorno y qué estímulos percibe con mayor satisfacción. En cada etapa de su crecimiento, hay sentidos que predominan más que otros; su identificación es crucial.

Si bien no todos los niños de la misma edad tienen los mismos intereses ni se sienten atraídos por los mismos juguetes, los fabricantes recomiendan en cajas y envoltorios las edades sugeridas de acuerdo con una serie de pautas y normas que toman en consideración las características de los destinatarios.

Tal vez los más impredecibles son los bebés, que no pueden expresar sus preferencias mediante el habla (muchos, ni siquiera caminan), pero uno puede arreglárselas con un poco de atención: si se llevan todo a la boca, mordedores, juguetes de goma blanda; si les gusta arrojar  todo lo que atrapan, pelotas e irrompibles.

Los juguetes de colores vivos suele cautivar a todos, si bien la tradición cultural condiciona las preferencias; los juguetes con formas para encajar o ensartar seducen a los más curiosos, mientras los exploradores escogen palas, rastrillos y baldes; instrumentos musicales, canciones infantiles, pizarras, pinturas, plastilinas, rompecabezas, para los artistas; muñecos, autos (en miniatura o a su escala), aviones, triciclos, cocinitas, juegos de mesa y de jardín para los mayorcitos.

Los libros, en particular aquellos diseñados para los chicos, son un hermoso presente que llega a atesorarse durante toda la vida. Los hay para todas las edades, desde los que tienen gruesas páginas y son capaces de sobrevivir a los que aún no han aprendido a leer (o hablar), hasta los más delicados y espléndidos.

Lo tercero a tener en cuenta es más estratégico: ver qué juguetes ya hay en casa, y cuáles les gustan más, para reforzar, renovar o ampliar la “colección”; hay chicos a los que les place más jugar por imitación a los adultos, hay otros que disponen su propio mundo a medida; lo importante es conseguir que, a través del juego, refuercen los lazos con la familia y con los otros niños, alienten a la imaginación y promuevan el uso de todo el cuerpo, aunque sea de manera indirecta.

Puede parecer una obviedad, pero debe pensarse siempre que lo que un chico busca en un juguete es diversión; lo demás, viene por añadidura. Los juguetes educativos, por caso, deben ser antes que nada divertidos; el niño debe verlos como juguetes y no como una carga adicional a la que ya recibe en la escuela.

Un juguete también tiene que ser práctico, liviano, fácil de transportar, libre de mantenimiento, simple de guardar: debe estar hecho a la medida del chico y debe hacerle sentir que es suyo y que puede manejarlo con comodidad.

Por último, y no por eso menos importante, los juguetes deben ser seguros, tanto en lo que hace al material con el que están construidos y recubiertos, como a las dimensiones de las piezas pequeñas, el tipo de embalaje e, inclusive, ante la posibilidad de que se rompan. El consumidor debe elegir sólo aquellos productos que garanticen de manera expresa la seguridad general y para cada etapa del infante.

Los juguetes –el juego mismo– favorecen a la formación y el desarrollo de los niños, les forjan las ganas de averiguar y descubrir, inspiran a la inteligencia y el ingenio, les fomentan la creatividad y los mantienen activos, promueven su voluntad y su libertad expresiva; a través del juego también aprenden reglas y conductas de manera recreativa, se manifiestan y perciben al mundo que los rodea, comprenden al espacio y descubren sus limitaciones.

Los chicos juegan en un universo ficticio, simbólico, distinto de la vida diaria pero con sus normas y sus convenciones, con su orden interno y su cuota de incertidumbre atractiva que nunca llega a convertirse en temor, y una finalidad intrascendente y desinteresada que jamás se transforma en fracaso. Jugar es, en esencia, prepararse para el futuro mientras se hace de cuenta que el juego es la vida real, aunque más entretenida.

El Día del Niño y la publicidad

Va aquí una compilación resumida de anuncios (algunos históricos, todos con sus matices y técnicas variadas) ideados para el Día del Niño.

 

Día del Niño y RSE.

Hagamos que el Día del Niño y todos los días del año nos lleven a reflexionar sobre la Responsabilidad Social Empresaria de respetar, valorar y cuidar a nuestros pequeños.

Cabe a la publicidad, a sus hacedores, a los anunciantes, a los medios, reconocer que los niños son un sector muy vulnerable e indefenso dentro de los vaivenes de la sociedad moderna, y que todos los actores tenemos la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) de velar por su cuidado y combatir los abusos de cualquier tipo.

Los niños de menos de 8 años de edad no se dan cuenta de que los avisos comerciales, dirigidos directa o indirectamente a ellos, están destinados a convencerlos de que deben comprar lo que les ofrecen porque todavía carecen de las nociones más elementales para comprender su mecánica; es más: la mayoría de las veces ni siquiera distinguen que se trata de anuncios y no tienen muy en claro qué son.

De acuerdo con un estudio publicado en el libro “Buy buy, baby”, el 50% de los avisos destinados a niños en EE.UU. les ofrecen comidas –no necesariamente alimenticias– tales como golosinas, snacks, cereales azucarados, pastas secas y comida chatarra.

La publicidad con RSE debería tratar de persuadir a los padres –que son quienes están en condiciones de comprar y toman las decisiones de compra– de las bondades de sus productos; apuntar los cañones de la persuasión a niños de 4, 6 u 8 años, que necesitan aprender, descubrirse y crecer libres de presiones comerciales, personas que, al final de la infancia, deberían volverse jóvenes responsables y no sólo pequeños consumidores con potencial para ser más grandes, es tanto moral como socialmente destructivo.

Este imperativo de la RSE tiene consecuencias prácticas, por fuera de las consideraciones éticas: cada vez más, los padres encuentran herramientas poderosas para alejar a sus hijos de la influencia de la publicidad (que es vista con aprensión, si no desprecio), tanto en los medios tradicionales, como en los nuevos medios; se aseguran así mantener el control sobre qué es lo que ven y qué no.

En la medida en que tomen conciencia de la disponibilidad de estos instrumentos, el futuro de la publicidad como la conocemos puede encontrarse en un compromiso mucho más serio del que sufre hoy en día. Los servicios de distribución de entretenimientos en línea libres de anuncios dirigidos a los niños (como por ejemplo Netflix Kids) ofrecen una programación de alta calidad a muy bajo costo que, además, puede ser seleccionada y organizada por los adultos para garantizarse un máximo control parental.

Cabe a la inteligencia estratégica del mundo publicitario que éste no sea fagocitado por la propia voracidad vendedora como objetivo a lograr a cualquier precio.

Bonus track

A poco menos de un año de la partida del inolvidable Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, agregamos un capítulo de su ubicua serie “El Chavo del 8” en el que se celebra el Día del Niño, a la manera de los chicos de “la vecindad”.

El Chavo del 8 y el Día del Niño.

Una imagen eterna en el corazón de grandes y chicos: el inolvidable Chavo del 8 dentro de su barril. En 1979, uno de los capítulos estuvo dedicado a la festividad del Día del Niño. Mirálo aquí.

“El Chavo del 8”: Día del Niño (1979) – Capítulo completoEl programa más popular de la TV para chicos.

Alguna vez el actor respondió en una entrevista que le hicieran en Televisa:

—¿Y cómo le gustaría que lo recordaran después de su muerte?

—Yo jamás he sido muy ambicioso en ese tipo de cosas, así que, ¡como quieran!

Y como queremos hacerlo desde un pensamiento lo más infantil posible, rememoramos el sempiterno diálogo de Lucas Tañeda y Chaparrón Bonaparte, que no por reiterado es menos gracioso:

—Oye, Lucas.

—Dígame, Licenciado.

—¡Licenciado!

—¡Gracias, muchas gracias!

—No hay de queso, nomás de papa.

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